Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...
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Una valiosa puerta de acceso al pasado
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*(AZprensa)* En un tiempo en el que el acceso al conocimiento parece
inmediato e ilimitado, las ediciones facsímiles se han consolidado como una
valiosa p...
Hace 1 hora
Hace ya muchos años que la prensa diaria descubrió las
obras por entregas para ganar y fidelizar lectores. Se “construyeron” así
numerosos ejemplares de todo tipo (enciclopedias, novelas, monográficos, etc.)
de indudable interés pero imposible de encontrar en las librerías; sólo –en
todo caso- visitando las hemerotecas y con infinita paciencia revisar uno por
uno todos los ejemplares publicados durante las semanas o meses que duró
aquella promoción cultural.
En esta ocasión nos vamos a referir a una del año 1967
que el diario “El Alcázar” (Madrid) publicó durante 69 días en cada uno de los
cuales ofreció a sus lectores un díptico referido cada uno a los
acontecimientos más destacados sucedidos en cada año, empezando con un prólogo
del año 1898 y finalizando en el año 1967. Llevaba por título “Apasionante
siglo XX” y cada díptico resumía las noticias más importantes de ese año, tanto
a nivel nacional como internacional. Después, cada lector se las componía como
podía para buscar un taller de encuadernación que convirtiera aquellos dípticos
de papel de periódico en un libro de consulta.
Como toda nuestra vida está politizada y, según sea el
Gobierno que esté en el poder así se cuenta la historia, es muy útil tener a
mano ejemplares como estos y comprobar la diferente forma que tenían de contar
los acontecimientos políticos en el siglo pasado respecto a cómo nos los
cuentan ahora. Y ¡ojo! ¡Tanto aquella versión como la que ahora nos cuentan,
están igual de manipuladas! Por eso resulta de tanta utilidad una obra como
esta: nos permite comparar dos versiones de un mismo acontecimiento político y
sacar nosotros nuestras propias conclusiones. Claro que eso supone “pensar y
razonar” algo que tratan de impedirnos nuestros actuales gobernantes, empeñados
como están en que aceptemos el “pensamiento único” que es el que ellos quieren
que aceptemos sin rechistar.
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El Grupo de Gestión Catastral y Cooperación Tributaria y la
Editorial Tabapress editaron en 1993 el libro: “Daimiel 1752, según las
respuestas generales del catastro de Ensenada”
Muy pocos ejemplares del mismo se imprimieron y muy pocas
personas habrán podido leerlo y conocer cómo era la vida en un pequeño pueblo
agrícola en el año 1.752 y cuáles fueron sus vaivenes demográficos. Un ejemplar
del mismo se conserva en esta “Biblioteca Fisac” y, habiendo pasado aquí mi
infancia y siendo de aquí mis raíces, no puedo menos que compartir estas frases
que aparecen en el mismo:
“Daimiel es un oasis en la estepa de La mancha. El
viajero que se desvía en Puerto Lápice –nombre de sonoridad cervantina- de la
carretera de Andalucía para ir a Ciudad Real, o el que pasa en tren desde la
capital de la provincia hacia Manzanares, se sorprende al llegar, por uno u otro
lado, a las proximidades de Daimiel: casitas minúsculas, grupos de árboles
aislados, rectángulos de verdor entre el amarillo de las mieses y el ocre de
las tierras, centenares de pozos y de norias y una sensación de humedad y
frescura en la sequedad del estío, constituyen las notas características del
paisaje en torno a Daimiel, bien distintas d ela aridez monótona que observamos
al atravesar La Mancha.
Es el milagro del agua. Es el tesoro soterrado y sacado a
la superficie en una labor de años, de lustros, quizá de siglos. Milagro de
Daimiel, maravilla de transformación del secano en regadío, que se repite en
otras zonas manchegas aunque con menor intensidad, porque la fertilidad de la
estepa está condicionada a la existencia del agua”.
Estas palabras, con las que se inaugura este libro, en
realidad fueron extraídas de otro libro: “Daimiel, geografía de un pueblecito
manchego”, de Francisco Pérez Fernández, editado por el Instituto de Estudios
Manchegos.
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Todos sabemos quién fue Cristóbal Colón y cómo en el año
1492 zarpó con tres carabelas, descubrió el Caribe y en pocos años sentó las
bases del primero y más duradero de los imperios europeos. Más allá de esto,
tal como se enseña en los libros de texto, quedan en el aire multitud de
interrogantes: ¿Cuál era su linaje? ¿Cuáles fueron sus verdaderos motivos?
¿Cómo era realmente?
Bueno, sólo hay que acudir a cualquiera de las muchas
biografías que se han escrito sobre él para dar cierta luz parcial a dichas
preguntas. Pero… ¿no sería mejor conocer todo esto por alguien cercano a él en
vez de recurrir a escritores contemporáneos? Y de ser así ¿a quién elegiríamos?
Pues, puestos a elegir… ¿qué os parece su hijo Hernando (o Fernando) el cual le
acompañó en su cuarto viaje?
En el año 2006, con motivo del quinto centenario de su
muerte, la Editorial Planeta publicó un lujoso volumen titulado “Colón,
historia del almirante” según el manuscrito que Hernando Colón dejó escrito en
torno al año 1530.
Descubrimos así un nuevo mundo, el de la biografía de un
personaje histórico escrita por alguien cercano a él en la misma época en que
ambos compartieron vida y aventura.