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viernes, 15 de mayo de 2020

Ciencia y tesnología daimieleña


Si algún científico quiere ir a trabajar a Daimiel, lo primero que debe hacer es aprender el idioma daimieleño y en especial toda la terminología científica que se utiliza en el denominado “País del to, cucha y arrea”.

Para empezar repasaremos las unidades de medida. Aunque dichas unidades de medida se utilizan o utilizaron también en otros lugares, debemos empezar por reseñar una realmente autóctona: la cuerda. En efecto, la cuerda es una medida daimieleña del terreno que equivale a 6.600 metros cuadrados.

Otra medida peculiar es la fanega cuya unidad de medida no es uno sino medio; es decir, un cajón de madera que sirve para medir los cereales y en el que caben unos 22 litros. Así, una fanega y media es el equivalente a una hectárea, ya que el grano contenido en media fanega (el citado cajón) da para sembrar esta superficie de terreno.

En longitud, así a lo bestia, tenemos la legua (5.572 metros y 7 decímetros). En peso, la libra (460 gr) que a su vez se subdivide en 16 onzas (287 gr). Y si queremos contar por unidades, saber que una ocena son 12 (por ejemplo, “una ocena güevos”, son 12 huevos).

Una medida típica de líquidos es el azumbre (unos 2 litros, más o menos), y una medida típica de áridos es el celemín (4,625 litros). Tanto uno como otro se subdividen en cuartillos que, como su nombre indica, son la cuarta parte de cada uno de ellos.

Pero esto no significa que no se utilice también el sistema métrico decimal, ya que este se utiliza igualmente, aunque a su manera, siendo la medida más popular el cuartoymitá (375 gr).

Sin embargo, donde la creatividad ha alcanzado las más altas cotas es en el amplio abanico de unidades inespecíficas de medida, con las cuales todos se entienden perfectamente. Algunas de las más populares son las miajas (un poco de algo), que a su vez se subdividen en miajilla (si es menos que una miaja) o en miejón (si es más que una miaja).

El instrumento de medida en este campo es el ojímetro, el único instrumento de medida en todo el mundo que es incorpóreo y que no exige ningún esfuerzo. Valiéndonos del mismo podemos medir las cosas por pizcas (si esa pequeña cantidad se toma entre dos dedos), puñaos (si la cantidad cogida cabe dentro del puño), cacho, peazo o piazo (una cantidad que puede cogerse con la mano), tajá (si es una cantidad generosa) o rulajas (si está cortado en partes iguales y proporcionadas). Y si lo que hay que medir de manera inespecífica es un líquido, entonces se habla de gotas (“no meches mucho vino sólo 4 gotas”, que quiere decir: “no me sirvas mucho vino, sólo un poco”).

Para un país tan peculiar no es de extrañar que los medios de acarreo (o sea, de transporte) sean igualmente peculiares. El más ecológico es la becicleta (bicicleta), pero a los ciudadanos les gusta motorizarse y por eso abundan las amotos (motos) y amotillos (motocicletas), los autos (automóviles) que si son de la marca Ford se llaman foritos y si son muy grandes y ostentosos se llaman aiga. Y ya si vamos todos juntos, para eso está el otobús (autobús), que en Daimiel tiene nombre propio: Laísa (contracción de “la” y “AISA”, que algún gracioso dijo que tales siglas correspondían a Asientos Incómodos Sucios y Asquerosos). Finalmente, si se quiere volar, para eso están los viones (aviones), aunque por desgracia el aeropuerto de Ciudad Real aún sigue esperando despegar. En cambio para guardar los demás vehículos se dispone de cochera (garaje) y allí es donde se suelen cambiar los gomáticos (neumáticos) cuando están gastados, y en donde se pinta la carrocería para evitar que se amoezcan (del verbo amoecer, es decir, oxidar).

En fin, todo científico que se precie tendrá a su disposición un montón de paratos (aparatos con alguna utilidad específica) y sin duda también muchos cachivaches (aparatos que no se sabe muy bien para qué sirven). Seguro que en su casa cogen (caben) muchos de ellos y no hay duda que serán personas muy leídas (cultas), digo más, listismas (listísimas). Sin duda dispondrán de una arradio (radio) o de un arradiejo (transistor), y más de una vez se verán en la tentación de dejarlo descuajeringao (separadas todas sus piezas) para analizarlo en profundidad y resolver cualquier poblema (problema). Cuando por fin lo arreglen podrán decir que eso chuta (funciona) y si deciden venderlo podrán ajustar (negociar) un buen precio con el que poder pagar su pechería (cuota anual de pertenencia a una asociación).

La ciencia en Daimiel ha dado muchos adelantos, desde el asperón (piedra de arenisca de cemento silíceo usada para frotar la ropa cuando se lava) hasta los chuflitos (pitorros que van desde el del botijo hasta los de los aspersores para el riego), pasando por las trompetillas (audífonos), los materiales lásticos (elásticos), el plesiglás o plexiglas (o sea, el plástico) y los insecticidas como el fli (viene de la palabra inglesa “fly” ya que se utiliza contra las moscas y cualquier insecto volador) o la famosa palmeta (herramienta para matar moscas, compuesta de mango y una superficie plana con rejilla que permite espanzurrar las moscas contra cualquier superficie plana).

En conclusión, aquí tenéis maomeno (o sea, más o menos) unas nociones básicas de la ciencia y tesnología (tecnología, que no lo había aclarado antes) daimieleña. No olvidéis que fue aquí donde comprendieron que el relente era frío, que el yelo era hielo, que la solanera era calurosa, y quizás por ello y por cómo está evolucionando el mundo, inventaron –entre otros muchos conceptos- el de cambio climático, al que llamaron: dimudación.


"Diccionario Daimieleño - Español", de Vicente Fisac. Disponible en Amazon, en ediciones digital e impresa:

jueves, 14 de mayo de 2020

Al final de nuestro sistema solar hay una nube


¿Sabías que al final de nuestro sistema solar hay una nube? Se llama la “nube de Oort”, de la que no hay observación directa sino sólo estimaciones. En cuanto a distancia y magnitud se cree que va desde las 2.000 UA hasta las 50.000 UA aunque algunos la extienden hasta las 200.000 UA (una UA o Unidad Astronómica es la distancia media que hay entre la Tierra y el Sol y se utiliza para medir las abismales distancias que hay entre unos planetas y otros). La nube de Oort estaría tan fuera de los límites de nuestro sistema solar, que el Sol quedaría a casi un año luz de distancia y la siguiente estrella, Próxima Centauri estaría a poco más de tres años luz. El cinturón de Kuiper y el disco disperso están cien veces más cerca.

Se estima que esta nube puede contener entre uno y cien billones de cuerpos compuestos por hielo, metano y amoníaco, cuya masa, si se juntaran todos, sería equivalente a cinco veces la de la Tierra. Pero a pesar de la denominación de “nube” la realidad sería que entre cada uno de esos objetos habría como mínimo una separación de varias decenas de millones de kilómetros.

Todos estos objetos están tan lejos del Sol que más que nuestra propia estrella son otros cuerpos celestes los que los pueden alterar y hacer que algunos de ellos salgan despedidos y, en este sentido, la nube de Oort sería una fuente de la que emanan muchos cometas de largo recorrido como el famoso cometa Halley.

Fuente: “Curiosidades del Sistema Solar”, de Vicente Fisac. Disponible en Amazon (www.amazon.es) en ediciones digital e impresa.

miércoles, 13 de mayo de 2020

La Midicina en Daimiel


El campo de la Medicina, o sea de la “Midicina”, es muy amplio en Daimiel y existen numerosos términos relacionados con esta materia. Sus principales agentes son el “meidico”, es decir, el médico, que es quien te receta “pinicilina” (término genérico para designar a cualquier antibiótico), el “boticario” (farmacéutico) y el “platicante”, o sea, el profesional de enfermería que te pondrá la “indición”, esto es, inyección.

Si estás “abotargao” es que tienes la cara congestionada, y si estás “amormao” es que tienes la nariz congestionada. De cualquier forma esto será siempre mejor que tener una obstrucción en el “tubillo”, que no es el tobillo sino el tubillo de la orina, o sea, la uretra; o padecer cualquier afección de la “visícula”.

Pero la “Midicina” en Daimiel ha incorporado una serie de conceptos a los que sólo mucho más tarde se ha dado nombre científico. Por ejemplo, el concepto de “bullir” (removerse, no parar quieto ni un momento) o el de “rebullir” (bullir con más intensidad) se ha definido científicamente en nuestros días como TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad) demostrándose así cómo la sabiduría daimieleña ha ido siempre por delante de la ciencia oficial. Otro tanto puede decirse del “regüeldo” (cuando te viene a la boca una especie de eructo líquido) definido actualmente como ERGE o enfermedad por reflujo gastroesofágico y que se cura con omeprazol.

De siempre han sido conocidas enfermedades como el “salampión” (el sarampión), síntomas como la “tericia” (la ictericia) o el “tembleque” (temblor del cuerpo causado por la fiebre), o afecciones de la piel como el “sarpullío” (reacción alérgica de la piel) o el “escema” (eccema).

En el campo de la psiquiatría, el estrés ya era definido hace muchos años en Daimiel como “desacarreo” (“tengo un desacarreo mu grande”) que indicaba esa sensación de estrés que a veces acababa convirtiéndose en “murria” una especie de tristeza y cargazón de cabeza que hace andar cabizbajo y melancólico al que la padece y que la psiquiatría moderna lo único que ha hecho ha sido cambiarle el nombre y llamarla: depresión.

Y ya, si nos ponemos en lo peor, tendríamos que hablar de “cólico miserere” que es la causa de muerte a la que se asigna un fallecimiento cuando no se sabe cuál ha sido la causa del mismo. Pues bien, la medicina oficial lo único que ha hecho ha sido sustituir esta expresión por la de “parada cardiaca” o “parada cardiorrespiratoria” para que parezca que saben de qué hablan cuando en realidad no tienen ni idea de la causa real de la citada muerte.

El caso es que antes lo arreglaban todo con “papelillos” (medicamento en polvo que se dispensaba envuelto en un papel doblado varias veces), “depositorios” o “pusitorios” (supositorios), “ablativas” ó “lavativas” (peras de goma para introducir por el ano un líquido) o “cataplasmas” (paño húmedo con hierbas o líquidos medicinales que se colocaban sobre la parte afectada del cuerpo). Ahora, en cambio, como te descuides te mandan al cirujano para que te “saje”, es decir, te corte con un bisturí, eso sí, esperemos que sea con “anastesia”, o sea, anestesia y no quede luego un “costurón” (cicatriz grande).

En fin, lo mejor será que estemos sanos o como mucho “repuntaos”, es decir, con algún leve síntoma, y que se demore todo lo posible el día que tengan que hacernos la “utosia”, o sea, la autopsia.

Y es que por mucho que se conozca la anatomía del cuerpo humano (“napias” = nariz; “cogote” = cuello; “corcusilla” = coxis; etc.), si uno va a Daimiel tendrá que conocer el idioma daimieleño para saber de qué le están hablando. Por ejemplo, si uno se queja de la “barriga” es que tiene algún problema estomacal, claro que si quien acude alarmada ante el volumen que está adquiriendo su “barriga” es una joven, habrá que preguntarle antes si su pareja ha usado “conservativos” (preservativos) porque si no, es posible hasta que tenga “medios” (es decir: gemelos o mellizos). Si así fuera, habrá que darle la noticia “apoquitos” (poco a poco) no vaya a ser que se “añulgue” (o sea, que se atragante), y recetarle alguna cosa si acaso le diera por “degolver” o “gomitar” (vamos, que tuviera náuseas). Y cuando tenga a su hijo... o a sus “medietes” (gemelos o mellizos) habrá que recomendarle que los alimente con las “manolas” (que así es como se llama en daimieleño a las... eso, lo que se utiliza para la lactancia materna).

En cambio, si quien acude al “Embulatorio” (Ambulatorio) es una señora mayor, diciendo que tiene “calorás”, no pensemos que ha cogido “refrialdá” (resfriado), ni le miremos el “gaznate” (la garganta) o le preguntemos si tiene “garraspera” (carraspera)... porque lo más probable es que las “calorás” sean los sofocos propios de la menopausia. Ante esta situación, el “meidico” (médico) no tiene que perder los “niervos” (uséase: los nervios) ni mandar por sistema un “nalis” (o sea, análisis); basta con que la mande a la “botica” (farmacia) a que le dispensen unas “cláusulas” (cápsulas) de algún preparado específico y con eso estará todo “aviao” (esto es: resuelto), sobre todo si entre los “achaques” (síntomas) la paciente ha citado la “galbana” (pereza, desidia) o si nos dice que está “aparranada” (sin ganas de hacer nada), lo cual indicaría un cierto grado de astenia.

Pero la vida en Daimiel es dura y la traumatología está a la orden del día, y no porque haya muchos “güesos” rotos (fracturas de huesos) sino porque el trabajo en el campo o los juegos de niños dan pie a muchas “escalabrauras” (heridas en la cabeza o “sesera”), “chinchones” (los populares chichones) y “desollones”, es decir, heridas con erosión de la piel, la cual puede también “inritarse” (irritarse) o “forrincharse” (inflamarse). Sin embargo, todos estos percances suelen resolverse fácilmente con “mercurocromo” (mercromina o cualquier otro desinfectante tópico) y un poco de “esparatrapo” (o sea, esparadrapo o las populares tiritas); lo importante es que si hay una herida esta no se “encone” o “incone” (infecte) y si es preciso, bastará con mandar un “emplasto” o “pomá” (pomada o crema antiinflamatoria).

En cualquier caso, el “meidico” cuenta con “güenos paratos” (alta tecnología) para explorar a los pacientes, saber que si está “herniao” es que está simplemente cansado, si tiene “garbana” es que sólo se trata de una borrachera, si no tiene “gana” es que está inapetente y habrá que mandarle un tónico reconstituyente, si se queja de un ojo quizás es que tenga un “ahíto” (orzuelo), si se queja del ano puede que tenga “almorranas” (hemorroides), pero si tiene “tortículis” el problema no está abajo sino arriba, en el cuello (tortícolis) y sólo muy de tarde en tarde se descubre algún caso de “pendicitis” (apendicitis) o de “paralís” (parálisis) o de algún “telele” (enfermedad grave) que Dios no lo quiera no lleve a “diñar” (fallecer) al paciente y tengan que llevarlo a las “siete cuerdas y media” (cementerio).

En fin, para “boticarios” (farmacéuticos), “meidicos” (médicos) y “platicantes” (profesionales de enfermería) será bueno recordarles que si van a ejercer su profesión en Daimiel no se “encisquen” (es decir: no se pongan nerviosos) porque hay una solución muy sencilla: aprender el idioma daimieleño. ¿Y cómo se prende eso? Pues muy sencillo, sólo hay que comprar y leer el “Diccionario Daimieleño-Español” del que hay disponible tanto una edición digital (eBook) como una edición impresa que se puede adquirir a través de Amazon (www.amazon.es).