Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...
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Una valiosa puerta de acceso al pasado
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*(AZprensa)* En un tiempo en el que el acceso al conocimiento parece
inmediato e ilimitado, las ediciones facsímiles se han consolidado como una
valiosa p...
Hace 2 horas
Para
quien no conozca esta palabra, le diré que la criptomnesia es el recuerdo
durante el sueño de algunos acontecimientos que habíamos olvidado por completo.
Este
hecho nos sugiere muchas cosas. Por ejemplo: Cuando estamos dormidos estamos
más vivos y tenemos más y mejor memoria que cuando estamos despiertos.
¿Significa eso que el sueño es nuestra verdadera vida y que esta vida de
despiertos es un sueño? Posiblemente no, pero sí nos hace pensar en que durante
el sueño nos vemos libres de muchas ataduras, nuestra mente vuela entonces
libre y puede conectarse a otros niveles espirituales sin las limitaciones que
nos confiere este mundo físico.
En
ese recuerdo podemos revivir ciertas escenas de nuestro pasado, en ocasiones
con inusitado realismo; en otras ocasiones, será simplemente que nos venga a la
memoria algún dato, frase, acontecimiento, etc. del pasado.
La
criptomnesia no es muy frecuente, no es algo que nos suceda todos los días,
pero sí es algo que sucede a todo el mundo en contadas ocasiones. Cuando esto
suceda, demos gracias por haber tenido el privilegio de volar con nuestro
espíritu por encima de las barreras de este mundo material.
Al
igual que Jung daba una importancia capital a los sueños y afirmaba que estos
“no están desprovistos de sentido” y que “nos proporcionan los conocimientos
más interesantes”, cuando el sueño nos haga recordar algo que teníamos
completamente olvidado, démosle la importancia que se merece porque no habrá
sido por casualidad sino con alguna finalidad muy concreta que no somos capaces
de comprender. Es como a los niños chicos cuando su mamá o su papá le dice que
haga algo; él no sabe por qué, pero comprende de forma instintiva que debe
hacerlo porque depende de sus padres para su supervivencia. Con la
criptomnesia, igual; sigamos sus dictados y utilicemos cuanto nos traiga a la
memoria porque tiene una utilidad para nosotros aunque no sepamos cuál es.
Una
selección de artículos periodísticos atemporales que nos muestran un ejemplo de
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Todos
los seres humanos, desde el hombre prehistórico, han tenido el instinto de “lo
sagrado”, se han sentido intimidados por la grandeza de la Naturaleza y han
reconocido en ella la mano de un dios creador (o de varios dioses creadores).
Es como si la necesidad de un dios hubiese estado grabada en los seres humanos
desde su nacimiento, en todas las épocas y en todas las culturas.
Hoy
día, cuando el materialismo domina a casi todas las gentes de todos los países,
ese sentido de los divino sigue existiendo y nadie es capaz de suprimirlo.
Surgen sectas, hermandades, religiones, grupos de cualquier índole, que se
resisten a creer que sólo hay esta vida y después nada, y por ello reconocen la
inmortalidad del alma y la mano de un dios creador o de algún tipo de
inteligencia suprema.
El
no creer en algo no significa que ese algo no exista. El que no podamos
demostrar que algo existe o que algo no existe, ni significa que se algo exista
o no. La existencia es ajena a nuestros deseos o conveniencias.
Y
me viene a la memoria cómo muchas personas que han pasado su vida renegando de
todo lo sagrado, cuando les llega la hora de la muerte imploran el perdón de la
deidad.
Cuando
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Jung
observó que había unas estructuras psíquicas similares en todos los relatos de
las culturas antiguas, al igual que se observa en el estudio de los sueños, por
eso llegó a la conclusión de que todos los seres humanos estamos sometidos
desde el mismo momento de la concepción a una influencia primordial que llamó
“inconsciente colectivo”
Según
decía, “nuestro cuerpo conserva vestigios de su desarrollo filogenético. Pues
lo mismo sucede con el espíritu humano”. Es decir, tanto nuestro cuerpo físico
como nuestro espíritu heredan experiencias ancestrales que han quedado impresas
en ese inconsciente colectivo.
Pero
este “inconsciente colectivo” es algo que también podemos comprobar en los
animales, los cuales saben desde su nacimiento, y sin que nadie se lo enseñe,
muchas cosas necesarias para su supervivencia (cómo pedir comida, cómo
defenderse de los ataques, qué se puede comer y qué no, etc.).
El
“inconsciente colectivo” viene a ser –por poner un ejemplo moderno- como la
“nube de Internet”. Ahí se van subiendo y almacenando todas las cosas que los
internautas crean y manejan desde sus terminales y están disponibles para su
uso por cualquier internauta que esté autorizado a acceder a esa “nube”.
En
el caso del ser humano debemos considerar a ese “inconsciente colectivo” como
una maravillosa biblioteca en donde han quedado recogidas todas nuestras
experiencias y todos nuestros conocimientos, y están disponibles para nosotros.
En unos casos nos llegarán como instinto, inspiración, etc.; en otros casos, si
somos capaces de entonarnos con la mente universal, podremos beber directamente
de su sabiduría.
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