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domingo, 1 de octubre de 2023

El inconsciente colectivo

Jung observó que había unas estructuras psíquicas similares en todos los relatos de las culturas antiguas, al igual que se observa en el estudio de los sueños, por eso llegó a la conclusión de que todos los seres humanos estamos sometidos desde el mismo momento de la concepción a una influencia primordial que llamó “inconsciente colectivo”
 
Según decía, “nuestro cuerpo conserva vestigios de su desarrollo filogenético. Pues lo mismo sucede con el espíritu humano”. Es decir, tanto nuestro cuerpo físico como nuestro espíritu heredan experiencias ancestrales que han quedado impresas en ese inconsciente colectivo.
 
Pero este “inconsciente colectivo” es algo que también podemos comprobar en los animales, los cuales saben desde su nacimiento, y sin que nadie se lo enseñe, muchas cosas necesarias para su supervivencia (cómo pedir comida, cómo defenderse de los ataques, qué se puede comer y qué no, etc.).
 
El “inconsciente colectivo” viene a ser –por poner un ejemplo moderno- como la “nube de Internet”. Ahí se van subiendo y almacenando todas las cosas que los internautas crean y manejan desde sus terminales y están disponibles para su uso por cualquier internauta que esté autorizado a acceder a esa “nube”.
 
En el caso del ser humano debemos considerar a ese “inconsciente colectivo” como una maravillosa biblioteca en donde han quedado recogidas todas nuestras experiencias y todos nuestros conocimientos, y están disponibles para nosotros. En unos casos nos llegarán como instinto, inspiración, etc.; en otros casos, si somos capaces de entonarnos con la mente universal, podremos beber directamente de su sabiduría.
 

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jueves, 13 de julio de 2023

Tendrás un cuerpo no cuerpo

Llega ese instante “final”, el de la muerte, y tu alma sale de tu cuerpo. ¿Cómo te percibes –entonces- a ti mismo? No te sentirás como un fantasma, sino que te verás a ti mismo con un cuerpo que será aquél con el que tú te sientas identificado. Nadie del mundo físico podrá verte, pero sí te verán los familiares y amigos fallecidos que vengan a darte la bienvenida y acompañarte a tu nueva morada. ¿Y cómo te verán ellos? Pues cada uno de ellos te verá de una forma distinta, aquella con la que cada uno de ellos estuviese más familiarizado.
 
He aquí pues, que al dejar tu cuerpo entras en otro cuerpo, pero este otro cuerpo tiene un aspecto diferente según quien sea el que lo mire, y sólo los que ya están al otro lado podrán verlo.
 
¿Y qué puedes hacer con ese nuevo cuerpo? Esto te resultará más familiar, puesto que lo has experimentado muchas noches mientras soñabas: Puedes volar, puedes trasladarte instantáneamente de un lugar a otro e incluso estar en varios lugares diferentes al mismo tiempo, puedes avanzar y retroceder en el tiempo, puedes cambiar el curso de los acontecimientos… en realidad puedes hacer todo aquello que dicte tu pensamiento, excepto… coger o mover objetos de nuestro actual mundo físico.
 
En cuanto a ese controvertido punto de la apariencia “visual” de ese nuevo cuerpo, algunos escogen aquél cuerpo que tenían cuando se encontraban en lo más alto de sus capacidades físicas, sin tener en cuenta la edad que tuvieran entonces; otros, en cambio, eligen el cuerpo que tenían cuando alcanzaron su mayor desarrollo mental o espiritual, independientemente de la edad, salud o estado físico que tuvieran entonces. Aun así, los seres queridos con los que estaremos al otro lado, nos verán –cada uno de ellos- con la forma que a cada uno de ellos les resultó más agradable, entrañable o familiar.
 
Pero lo más importante: Sea cual sea la forma “visual” que elijas para ese nuevo “cuerpo no cuerpo”, te sentirás muy a gusto con ella.
 

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miércoles, 27 de septiembre de 2017

A mayor cerebro, peor cuerpo

Los neandertales tenían mayor capacidad craneal que los humanos actuales, concretamente 1.520 centímetros cúbicos frente a los 1.195 del hombre moderno. Esta mayor capacidad hizo que su desarrollo fuera algo diferente al del ser humano actual. El coste energético del crecimiento anatómico del cerebro moderno es inusualmente alto, especialmente durante los periodos de lactancia y durante la infancia, por lo que parece requerir una desaceleración del crecimiento del cuerpo, así que si los neandertales tenían mayor capacidad cerebral que el hombre actual es lógico que sus patrones de desarrollo y maduración también fueran diferentes. “Desarrollar un cerebro grande tiene un gasto energético importante, por lo que dificulta el crecimiento de otras partes del cuerpo. En los sapiens, el desarrollo del cerebro durante la niñez tiene un alto coste energético, por lo que el desarrollo del resto del cuerpo se ralentiza”, ha declarado el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Antonio Rosas.
En las investigaciones subsiguientes al descubrimiento de un esqueleto de un niño neandertal (tenía 7,7 años en el momento de su muerte, pesaba 26 kilos y medía 111 centímetros) su cerebro había alcanzado 1.330 centímetros cúbicos en el momento de su muerte, es decir, un 87,5% del total antes de los ocho años. A esa edad, un niño actual ya ha terminado de desarrollar toda su capacidad craneal.

Las especies regulan su crecimiento de forma distinta para adaptar su consumo de energía a sus características físicas, por ello el patrón de maduración vertebral y el crecimiento del cerebro, así como las restricciones de energía durante el desarrollo, podrían haber marcado la forma anatómica de los neandertales.

En todos los homínidos, las articulaciones cartilaginosas de las vértebras torácicas medias y el atlas son las últimos en fundirse, pero en este neandertal la fusión se produce alrededor de dos años más tarde que en los humanos modernos. Es por ello que “el retraso de esta fusión en la columna vertebral podría reflejar que los neandertales tenían un desacoplamiento de ciertos aspectos en la transición de la infancia a la fase juvenil. Aunque las implicaciones son desconocidas, este rasgo podría estar relacionado con la característica forma expandida del torso neandertal o con el crecimiento más lento del cerebro”, afirma Rosas.

El descubrimiento de este esqueleto se ha realizado en la cueva de El Sidrón (Asturias), fuente de la mejor colección de restos fósiles de neandertales que existe en España. El estudio ha sido publicado en la revista “Nature”.