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martes, 6 de mayo de 2025

Salir del cuerpo

Cuando el ser humano muere, su cuerpo psíquico sale del cuerpo, se eleva, se ve a sí mismo allí abajo, yacente, mientras el personal sanitario trata de reanimarlo o sus parientes lloran desconsolados. Ese cuerpo psíquico es capaz de volar, atravesar el cuerpo de otras personas, de muebles y de paredes. Es capaz de ver lo que sucede en otras habitaciones contiguas e incluso más alejadas, de escuchar lo que hablan esas personas y comprender lo que en todos esos lugares está sucediendo. Y esto lo sabemos porque así se ha documentado miles de veces con personas que habiendo estado clínicamente muertas, han vuelto a la vida y han contado esas experiencias. Es imposible que una persona que ha estado en muerte clínica y luego vuelve a la vida nos diga qué había escrito en la parte superior de uno de los aparatos de reanimación del quirófano (algo que sólo es posible ver si te subes a una escalera), o qué personas y tipo de operaciones se estaban realizando en ese momento en otros quirófanos del hospital.
 
También habremos oído alguna vez que alguien es capaz de proyectar su cuerpo psíquico sin necesidad de estar al borde de la muerte, sino simplemente durante el sueño. Y esto puede suceder alguna vez durante eso que se llama fase de sueño profundo.
 
Durante el sueño profundo disminuyen las ondas cerebrales y esa débil intensidad de las ondas delta crea las condiciones ideales para que se produzca la proyección psíquica. En tales circunstancias, nuestro cuerpo psíquico se elevará y se separará de nuestro cuerpo físico –aunque no se produzca ruptura con el mismo sino que siga unido a él mediante una especie de cordón umbilical etéreo- y tendrá la facultad de moverse libremente, ir a otros lugares distantes y experimentar vivencias tan reales que cuando vuelva a su cuerpo y despierte le parecerá que la vida real es un sueño porque el mundo real es todo aquello que ha estado experimentando durante esa etapa de sueño profundo y proyección psíquica.
 
Si te sucede esto alguna vez, no te asustes; piensa que es algo bueno. Esas experiencias psíquicas son verdadero alimento para nuestro subconsciente, para nuestro ser interno.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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miércoles, 23 de octubre de 2024

La llave al mundo espiritual

Podríamos considerar al subconsciente como la llave que nos permite acceder (de una forma limitada, claro) al mundo espiritual. Aunque estemos presos en unos cuerpos materiales y seamos esclavos de cinco sentidos físicos, también poseemos otros sentidos espirituales y poseemos un espíritu que pervive a nuestro cuerpo.
 
El subconsciente nos da esa fuerza espiritual necesaria para entrar en contacto con la Consciencia universal. A través de la meditación, por ejemplo, somos capaces de olvidarnos de todo nuestro entorno físico (incluido nuestro cuerpo) y así, al despojarnos mentalmente de todas las ataduras materiales, dejamos fluir nuestro espíritu para que entre en sintonía con la esencia espiritual universal.
 
Como nuestro subconsciente no es físico, sino espiritual, tiene muchas más capacidades que las limitadas de nuestro cuerpo material. Así, es capaz de guardar en su memoria todos los recuerdos de nuestra vida pasada, incluidos los de nuestra infancia… e incluso también los de vidas pasadas. Esto explica por qué en algunos sueños nos viene información de cosas de nuestro pasado que teníamos completamente olvidadas.
 

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martes, 22 de octubre de 2024

El subconsciente y el plano psíquico

Si ya hemos visto cómo el subconsciente tiene un papel fundamental en nuestra vida y es imprescindible para que nuestro cuerpo siga vivo, pero el subconsciente también ejerce un papel significativo en el plano psíquico. Por ejemplo, en el plano `psíquico, el subconsciente es el responsable de todas esas formas de percepción extrasensorial, tales como la premonición, la clarividencia, la telepatía, etc., es decir, sentidos que no son perceptibles por ninguno de nuestros cinco sentidos habituales o sentidos físicos (tacto, olfato, gusto, oído o vista) sino por nuestra parte espiritual.
 
Esto quiere decir que si nuestro subconsciente utiliza otros sentidos diferentes a los cinco habituales, nosotros tenemos más sentidos de esos cinco, sólo que no sabemos utilizarlos… en realidad, ni siquiera sabemos que los tenemos.
 
De vez en cuando, de forma muy esporádica, saltan chispazos a nuestra consciencia que nos deberían demostrar que sí poseemos otros sentidos de carácter psíquico. Por ejemplo, suena el teléfono y antes de cogerlo presentimos que es tal la persona que nos está llamando, aunque no sea una llamada esperada. Otras veces pensamos en alguien y luego nos enteramos que se alguien estuvo pensando en nosotros ese mismo día a esa misma hora. Sin embargo, estos chispazos que deberían ponernos en alerta de que existe algo más allá, los descartamos y los catalogamos como una simple coincidencia, una casualidad sin importancia.
 
Pero hay una cosa importante que debes aprender: Si cada vez que te sucede alguno de estos chispazos, le prestas atención y al menos le atribuyes la posibilidad de que sean fruto de tus otros sentidos (los psíquicos), esos que posees y no eres consciente de ello, notarás cómo cada vez vas siendo consciente de más y más de estos chispazos e irás entrando en un nuevo conocimiento (en un nuevo descubrimiento) de tu propia existencia como ser humano… y espiritual.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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