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miércoles, 26 de junio de 2024

La diversión no está reñida con el pensamiento

Durante estas últimas semanas he ido publicando a diario en este blog, “Palabras inefables”, mis divertidas experiencias con la práctica de más de sesenta deportes. Ha sido una forma de compartir sonrisas y desdramatizar ese afán competitivo que se quiere dar a todo en esta vida, incluido el mundo del deporte. Digo y vuelvo a repetir que lo importante no es ganar, ni tampoco competir; lo importante es pasárselo bien, divertirse, y eso es lo que he hecho en la práctica surrealista de esos deportes.
 
Pero el hecho de que tenga sentido del humor y de que me guste divertirme y reír, no significa que dentro de mi cabeza haya serrín, sino que hay un cerebro. Y el hecho de tener cerebro no significa que sólo tenga cerebro (un órgano que como el resto del cuerpo se descompondrá y convertirá en polvo y finalmente desaparecerá) sino que también tengo alma, o espíritu o como quieras llamarlo. Es decir, no sólo miro el presente y vivo en el mundo, sino que también abro la puerta a lo invisible y me adentro en los caminos del espíritu.
 
Por eso, después de todos estos post divertidos sobre el mundo del deporte, voy a cambiar de dial y a sintonizar con esa emisora que nos lanza mensajes que sólo somos capaces de captar cuando dejamos que sea nuestro espíritu el que tome el relevo.
 
Es pues, ahora, el turno de lo etéreo…
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
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miércoles, 11 de mayo de 2022

La trampa perfecta

Mi compañero Javier Cebrián y yo realizábamos muchos viajes juntos. En uno de ellos nos acompañó nuestro Técnico de Medios, Carmen Iglesias. Ya en el hotel y en uno de nuestros momentos de descanso decidimos distraernos jugando a las cartas en uno de los salones que, además, teníamos entero a nuestra disposición.
 
No recuerdo qué juego de cartas era el que ocupaba nuestro tiempo, pero sí que la partida estaba igualada y en un momento dado, Carmen se levantó para ir a hacer pis. Entonces Javier y yo nos miramos y sin necesidad de hablar nos transmitimos una malvada idea: aprovechar su ausencia para hacerle trampas. Y fue así como le preparamos la trampa perfecta.
 
Recogimos las cartas de la mano anterior y en vez de barajarlas de nuevo las fuimos colocando en un orden tal que nos corresponderían a nosotros las mejores y a ella las peores según las fuésemos repartiendo. Para que no se notase que habíamos hecho trampa, descuadramos ligeramente el bloque de cartas para fingir que cortábamos aleatoriamente antes de repartir, pero teníamos claro que íbamos a cortar por donde habíamos marcado y a repartir según las habíamos colocado, dando por otra parte una sensación de total limpieza.
 
Cuando ella regresó del servicio, la recibimos con naturalidad. Yo le dije a Javier: “te toca cortar”. Y él cortó por el sitio que habíamos dejado preparado. Entonces yo empecé a repartir las cartas, que iban correspondiendo a cada uno según lo habíamos preparado. Comenzó, pues el juego. La cara de Carmen mostraba desconcierto por lo malísimas que eran las cartas que le habían tocado. Nosotros manteníamos el tipo poniendo cara de póquer. Hicimos las apuestas correspondientes (sólo nos jugábamos el pasarlo bien, no dinero) y ella, descorazonada puso sus cartas de fracaso total sobre la mesa. Entonces Javier y yo mostramos las nuestras, con las jugadas más altas que jamás se hayan dado en la historia de ese juego. Ella abrió los ojos tipo dibujo animado japonés, no dando crédito a lo que veía. Pero aquello fue demasiado para nosotros, no pudimos aguantar más y estallamos en carcajadas, retorciéndonos de risa, mientras ella –con su buen humor habitual- nos llamaba tramposos y de todo. Aquello fue tan apoteósico que las risas duraron más que la partida.


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domingo, 17 de febrero de 2019

Comprueba si tienes adicción al juego


Con un sencillo test que se publica hoy en “AZprensa” puedes comprobar si tú o cualquiera de tus familiares y amigos padece adicción al juego. Una cosa es el juego por diversión y otra muy distinta, pejudicial para la salud, el bolsillo y la vida social, es la adicción al juego, entre los que está tomando un espectacular auge eso de las apuestas deportivas.
Antes de que sea tarde, haz este sencillo test y sal de dudas: