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viernes, 14 de octubre de 2022

Libros de... novelas históricas

El descubrimiento de un manuscrito del año 1.796 me llevó a escribir esta novela histórica, inspirada en hechos reales, y a recrear la vida cotidiana en la Grecia de hace 2.600 años mostrándonos una historia de amor, amistad, honor, aventura y deporte. Esta es mi única novela histórica y debo agradecer a la Embajada de Turismo de Grecia que me facilitase la fotografía que ilustra su portada. Puedes conocer algo más sobre esta novela a través del enlace adjunto:
 
“La Olimpiada”, una novela histórica, inspirada en hechos reales, que nos lleva a la Grecia de hace 2.600 años. Amor, amistad, honor, aventura y deporte.
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viernes, 6 de mayo de 2022

La Olimpiada

La acción de la novela "La Olimpiada" (Vicente Fisac, Amazon) se desarrolla en la Grecia antigua, durante el reinado del rey Clístenes (601-570 a.c.) en la ciudad-estado de Sición, en el Peloponeso, entre Corinto y Acaya.
 
El rey Clístenes (o Clistene en otros escritos) tiene una hija que se enamora de un ateniense, pero el rey no ve con buenos ojos esa relación, la prohíbe y ordena que el citado ateniense, el atleta Megacles (en otros escritos citado como Megacle) salga de su reino y no vuelva a ver a su hija Aristea (Agariste en otros escritos). No es difícil encontrar referencias a Clístenes, aunque hay que tener cuidado de no confundirlo con el que luego fue su nieto y llevó el mismo nombre, y sobre el cual existe más información que sobre el primero, o incluso sobre un sobrino del primero, ateniense y con el mismo nombre. Por su parte, sobre su hija, apenas si hay información.
 
En otro lugar, en el reino de Creta, Lycida (o Licida o también Lycidas, según la fuente consultada) mantiene una relación amorosa con una noble ateniense, Argene, pero tampoco aquél rey ve con buenos ojos esta otra relación y la prohíbe igualmente.
 
La celebración de unos Juegos en la cercana ciudad de Olimpia desencadenará una serie de acontecimientos en donde se cruzarán todas estas historias y sorprenderán continuamente al lector por los giros inesperados que irán tomando.
 
Ante la diversidad de variantes con que se cita a los personajes que intervinieron en esta historia, real o falsa –aunque suponemos que sí se puede afirmar que “está basada en hechos reales” si bien es posible que los mismos no sucedieran tal y como aquí se narran- hemos optado por elegir las siguientes versiones de los nombres de estos personajes:
 
Clístenes: rey de Sición.
Aristea: su hija.
Alcandro: su secretario.
Lycida: hijo del rey de Creta
Argene: novia de Lycida
Aminta: tutor de Lycida
Megacles: amante de Aristea y amigo de Lycida
 
Dejemos ya estas palabras y pasemos, pues, a lo importante que es la acción. ¡Que lo disfrutéis!
 

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lunes, 18 de septiembre de 2017

Banquete viene de banqueta

Probablemente la palabra “banquete” deriva de “banqueta” y eso era lo que utilizaban los griegos de hace 2.600 años en sus grandes celebraciones gastronómicas. Nada mejor que organizar un banquete para celebrar cualquier acontecimiento y en ello se ponía el máximo empeño para que todos los comensales quedaran saciados. Eso sí, los banquetes eran solo para hombres, las mujeres se iban a  comer a otro lado lejos de ellos. Las únicas mujeres que se veían por los banquetes eran las esclavas, las sirvientas y las bailarinas que, junto con los músicos, servían y amenizaban la velada.

El plato estrella y que no todos se podían permitir siempre era la carne, principalmente de cerdo y de cordero. El pescado era mucho más frecuente y variado y se consumía casi a diario. También gustaban de comer mariscos, sepia, calamares. Y también degustaban algunas sopas y purés de verduras, aunque de estas últimas no había excesiva oferta en los mercados. Un plato típico, a medio camino entre la sopa y el sólido, era el kykeón (una mezcla de sémola de cebada y agua, aromatizada con diversas hierbas como poleo, menta o tomillo). Otro alimento típico era la hidromiel, una mezcla de agua y miel.

La comida principal del día era la cena (hubiese gran banquete o no), que se tomaba siempre al caer el sol, mientras que el almuerzo de mediodía solía ser bastante ligero. Por lo que se refiere al desayuno, este se hacía a base de pan de cebada mojado en vino, higos, dátiles y aceitunas. El queso, la fruta y los dulces, tampoco faltaban en su alimentación, como tampoco la leche de cabra.

Fuente de información:

domingo, 3 de septiembre de 2017

Cuando la Poesía era una asignatura

En la Grecia clásica de hace 2.600 años, se daba mucha importancia a la oratoria y a la recitación de todo tipo de textos incluidas las poesías, de ahí que desde pequeños se les fomentase este arte que después pondrían en práctica no solo en este tipo de acontecimientos sino sobre todo en su vida pública y en la actividad política.

Ya desde pequeños los distraían y educaban con historias, leyendas y fábulas, lo cual servía como introducción al más complicado mundo de la mitología y las leyendas de los héroes, que ocupaban una parte importante de la educación en los años posteriores de juventud.

De niño se empezaba a leer y escribir recitando las letras y cuando ya aprendían a hacerlo venía lo más difícil: la lectura; puesto que en aquella época los griegos no separaban las palabras sino que escribían todo seguido. Una vez sabían leer les enseñaban a escribir sobre tablillas de cera. Pero también aprendían aritmética, geometría, física, astronomía, medicina, arte, técnica, filosofía e incluso música, ya que la música (cuyo nombre viene de las Musas, las diosas de la inspiración) era un signo de identidad de los hombres cultivados. Entre los instrumentos que solían utilizar los estudiantes estaban la cítara y el aulós (flauta de dos cuerpos) y el talento que adquirían en este arte lo ponían después de manifiesto en fiestas de todo tipo pero sobre todo en las religiosas.

También desde pequeños, en concreto a partir de los 12 años de edad, se les instruía en la educación física y desarrollaban los ejercicios en la palestra, un terreno deportivo al aire libre, cuadrado y rodeado de muros. Finalmente, a partir de los 18 años el niño se convertía en ciudadano de pleno derecho y aprendía el manejo de las armas.

Por su parte, sólo las mujeres de las clases más pudientes recibían educación, puesto que su misión era tener hijos y cuidar de la casa y del marido. En el caso de las mujeres de clase acomodada, contaban con esclavos y sirvientes para realizar las tareas de la casa y ellas simplemente se limitaban a supervisarlos.

Fuente de información: