Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...
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Una valiosa puerta de acceso al pasado
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*(AZprensa)* En un tiempo en el que el acceso al conocimiento parece
inmediato e ilimitado, las ediciones facsímiles se han consolidado como una
valiosa p...
Hace 2 horas
Por
desgracia en España (y también en otros países) están en boga los
nacionalismos, el querer dotar de poder y autonomía a una determinada región
geográfica y cultural. Pero eso es ser corto de vista. Un país no es otra cosa
que un conjunto de personas unidas por la misma memoria colectiva. El error
está en tratar de imponer una única memoria a todos, cuando en realidad la
memoria es múltiple, está formada por cientos de miles de memorias, tantas como
habitantes ha tenido ese país, en cada una de sus regiones, a lo largo de los
siglos.
Saber
armonizar y hacer convivir en armonía todas esas memorias colectivas, todas esas
singularidades, debiera ser el objetivo de cualquier sociedad que aspire a
prosperar. El enfrentamiento debilita mientras que el entendimiento y la
cooperación fortalecen.
A
nivel de país, sólo con el respeto, el entendimiento y la cooperación de sus
múltiples peculiaridades históricas, sin imponer unas sobre otras sino
haciéndolas convivir en armonía, se podrá lograr un país fuerte con capacidad
para hacer progresar y mejorar económica y socialmente a sus ciudadanos.
Y
a nivel global, como planeta Tierra, la humanidad no podrá alcanzar el objetivo
final de su evolución mientras cada pueblo o nación se comporte sin tener en
cuenta el bienestar de los demás.
Se
pueden decir las cosas de forma muy clara sin necesidad de enrollarse…
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de la síntesis”: https://amzn.to/3X13sMV
A
veces nos preguntamos qué es mejor, si la uniformidad (formas y pensamientos
comunes para todos) o la disparidad (múltiples formas diferentes de ser y
actuar).
A
simple vista, parece que la uniformidad es algo que aporta seguridad, sosiego,
tranquilidad, paz, progreso, estabilidad… En el ámbito militar todos visten
igual y se rigen por unos mismos códigos; en muchos colegios, los alumnos
visten todos ellos de igual forma para que no haya diferencias visibles, y así
en muchos otros ámbitos de la vida. Permitir que –por ejemplo- los militares
pudiesen vestir como quisiesen, conduciría sin duda a la anarquía, a la desorganización
total y por consiguiente al fracaso. Permitir –por ejemplo- que los alumnos
vistan en el colegio como quiera cada uno, acentúa las diferencias de poder
económico y social, crea desigualdades y genera un ambiente de “guettos” e
incluso de enfrentamiento.
Pero
hay otra forma de ver las cosas…
La
uniformidad (que en teoría parece ser el ideal) sólo puede evolucionar a través
de la multiplicidad, puesto que este paso es el que va a permitirle multiplicar
el número de experiencias. Por ello, la división, lo diferente y lo múltiple,
es lo verdaderamente enriquecedor siempre y cuando se canalice de forma
constructiva, como vía de enriquecimiento de ese ideal colectivo al que
aspiramos.
Nadie
está en posesión de la verdad… (Un libro de opinión que no trata de convencerte
de nada)…
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verdad sólo es un punto de vista”: https://amzn.to/3rTvdH5
Cuando
hablamos de herencia, normalmente pensamos en los bienes materiales, los que
vamos a heredar o los que vamos a legar a nuestros descendientes. Pero nosotros
no somos sólo seres materiales sino también espirituales y como tales también
vamos a dejar una herencia espiritual.
Esa
herencia que vamos a dejar es el recuerdo que los demás alberguen de nosotros,
de cómo nos comportamos con ellos, de qué les aportamos. Aún después de
muertos, nuestro recuerdo seguirá viviendo aquí, en este plano de existencia en
la mente de todos aquellos que nos conocieron o tuvieron noticia de nosotros.
Cuando
uno va a heredar algo, le gusta que sea algo de valor, algo útil, no un montón
de deudas o de cosas sin valor o desagradables. De igual forma, el recuerdo que
dejemos en los demás será nuestra herencia espiritual y lo ideal es que esa
herencia que dejemos sea positiva, agradable, enriquecedora.
Por
otra parte, y como miembros de una sociedad, durante nuestra vida habremos
contribuido –poco o mucho, para bien o para mal- a una serie de ideales y
valores para esa colectividad de la que hemos formado parte. Ojalá ese legado
sea de fortalecimiento de unos valores ideales de hermandad, de paz, de
progreso, de superación, de solidaridad, de conocimiento…
Hay
que aprender a tomarse las cosas con humor…
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