Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...

lunes, 3 de febrero de 2025

Desaparecidos

(Dedicado a todos los que me habéis conocido)
 
Cuando se llega a cierta edad… (¡Vaya, nada más empezar y ya estoy con un eufemismo; lo que quiero decir es “cuando se llega a viejo”!)… se suele mirar hacia atrás y recordar aquellas personas y vivencias que conformaron nuestra adolescencia y juventud. Y lo curioso del caso es que aquellos recuerdos y vivencias suelen estar frescos, casi tanto como los vivimos en aquellos años tan lejanos. Vemos con total claridad a los amigos y amigas, a los lugares y escenas vividas, a los amores y amoríos, a las alegrías y a las tristezas, a los juegos y a la falta de experiencia y, sobre todo –y gracias a Dios- a la inocencia.
 
Alguna vez, y gracias a las nuevas tecnologías… (¡Vaya, otro eufemismo; quiero decir “gracias a Internet y a su buscador Google”!)… nos es posible localizar alguna de aquellas queridas personas del pasado. En ciertas ocasiones nos es posible incluso escribirles un e-mail o un mensaje en su blog o red social e intercambiar unos saludos. Podemos incluso quedar para vernos y entonces, cuando llega ese momento… la sorpresa: Quien tienes enfrente de ti (y supongo que a la otra persona le pasará lo mismo) es alguien muy distinto, muy diferente a aquella persona que conociste, a aquella que tienes viva en el recuerdo. Y no me refiero al físico, porque sabemos de sobra que el tiempo pasa para todos, que las arrugas y la calvicie no nos sorprenden porque ya contábamos con ellas, e incluso contábamos con esa voz más cascada y con esos kilos de más. Me refiero al ser humano que habita dentro de ese cuerpo.
 
Porque ¿sabes una cosa? Ese cuerpo se ha ido renovando con el transcurso de los días, las semanas, los meses y los años. Cada una de las células de ese cuerpo ha muerto y ha sido reemplazada por otra, y por otra… y así sucesivamente hasta ese día del encuentro. Incluso las neuronas, esas que antes decían que nacían y morían con nosotros, también –como la ciencia ha descubierto- han ido muriendo y naciendo a lo largo de los años. Del cuerpo que tienes frente a ti (y de tu cuerpo que ahora está frente a él o ella) no queda nada, absolutamente nada; sólo es un cuerpo diferente y más viejo, con menos brillo como si el paso del tiempo fuese anegando de polvo nuestra piel. Sólo nos queda mirar a los ojos… y ¿qué ves?...
 
Quizá vislumbres una leve luz, un tenue brillo, un chisporroteo del ser que conociste en tu adolescencia y juventud. Estás viendo su alma, estás viendo a la persona que realmente es, pero ese alma también ha recorrido un largo camino para llegar hasta aquí. El trabajo, las preocupaciones, los éxitos, los fracasos, los miedos, las culpas, los nuevos amigos, los familiares, las experiencias de la vida… no sólo han modelado y modificado ese cuerpo físico sino que también han remodelado ese alma.
 
Esa persona, que ahora tienes frente a ti, se parece a aquella que conociste e incluso amaste en tu juventud, pero sólo “se parece” porque ahora es distinta. Y ella pensará o percibirá lo mismo que tú. Tendréis recuerdos comunes (e incluso os daréis cuenta que la forma de recordarlos difiere de uno a otro), pero os sentiréis también un poco extraños porque los que ahora se encuentran son dos seres diferentes, parecidos –eso sí- pero distintos, y ese feeling del pasado apenas será un rescoldo.
 
Y soplaréis sobre esas tenues ascuas del pasado con la esperanza de reavivar el fuego, intentando traer de nuevo la memoria conjunta de cuanto vivisteis en el pasado, esperando a ver si sois capaces de revivirlo ahora, pero… ni por esas. Será un vano intento. Y al final, comprenderéis que –desde aquél último día en que os dijisteis adiós- han pasado muchas cosas, tantas que ahora la distancia entre vosotros es inmensa aunque sólo os separe la mesita de la cafetería.
 
Tenemos que seguir. No queda más remedio. Es nuestro sino. Y no me arrepentiré nunca de mirar y recordar el pasado porque forma parte de mi vida, de mi existencia, de lo que he aprendido y experimentado a lo largo de mi vida. Porque la vida es sólo eso: aprender y experimentar. Y cada paso que damos nos abre una vía diferente en el universo, de tal forma que nunca es posible volver atrás, sólo es posible hacerlo… con el recuerdo.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
https://www.amazon.com/author/fisac 

domingo, 2 de febrero de 2025

Un dilema moral

Estoy seguro que nunca te has planteado un dilema moral como este, por lo que te invito a leerlo para que tú también te lo plantees y pienses cómo habrías actuado ante una situación similar. Estoy seguro igualmente que ni tú ni nadie se ha planteado seriamente lo que te voy a contar…
 
Estaba paseando con mi perro por el parque cuando este se paró para hacer lo que todos los perros hacen cuando salen de paseo: caca. En esta ocasión se paró en mitad del paseo, es decir, en un lugar por donde pasa todo el mundo y por lo tanto era obligado hacer lo que debe hacer todo buen ciudadano: recoger la caca. Por eso, de forma instintiva saqué una bolsita de plástico de mi bolsillo para recogerla, pero… la caca la había hecho justo encima de una hilera de hormigas (una de esas hileras interminables que van de un hormiguero a otro), algunas de las cuales habrían quedado debajo y otras merodeaban por encima y por los alrededores. “¡Pobres hormigas!” pensé. Así que se me planteó el siguiente dilema moral:
1.- Recoger la caca y con ello condenar a varias hormigas a una muerte horrible, encerradas en una bolsa de plástico llena de mierda.
2.- Dejar la caca en el suelo del parque para que las hormigas volviesen a su quehacer habitual y que cualquier persona la pisase sin querer al pasear, ya que estaba en plena zona de paso.
 
¿Tú qué hubieras hecho? ¿Qué vale más, la vida de unas hormigas o la molestia y asquerosidad de una suela de zapato manchada de caca? ¿El bienestar animal o el bienestar humano?
 
Al final, acertadamente o no, tomé la siguiente decisión: Recogí la caca con cuidado de llevarme por medio el menor número posible de hormigas, cogí la bolsa y la tiré a una papelera, pero… en vez de cerrar la bolsa con un nudo como hago siempre y como siempre debe hacerse, en esta ocasión dejé la bolsa sin cerrar para que esas hormigas que habían quedado dentro tuviesen la oportunidad de escapar. Quizás alguna muriese –o quizás no-, pero dejé abierta la posibilidad de escapar y salvar la vida. Cumplí con mi deber ciudadano y al mismo tiempo di una oportunidad a la vida.
 
¡Caray! ¡Qué cosas escribo! Pero esto que acabo de plantearte tiene más trascendencia de la que pudieras imaginar. El Universo del que formamos parte es todo, desde lo más grande y más lejano hasta lo más infinitamente pequeño. No desestimes nunca a nada ni a nadie por su tamaño, porque todo forma parte igualmente de la Creación.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
https://www.amazon.com/author/fisac
Ninguna otra novela te hará “sentir” como esta…
“Castidad & Rock and Roll”: https://amzn.eu/d/3h5vXyG

sábado, 1 de febrero de 2025

Voces del más allá

Muchas personas han escuchado voces que han identificado como provenientes del más allá, sobre todo cuando reconocían esa voz como la de algún familiar fallecido y al escucharla no había en el entorno ningún ruido ni nada que pudiese haber interferido y llevado a la confusión. Esas “voces del más allá” también han sido registradas en grabaciones de sonido, unas veces de forma involuntaria (estaban grabando otra cosa y de repente se colaba en la grabación esa voz desconocida que, curiosamente, no la habían escuchado en directo pero sí cuando se ponían a escuchar después lo que se había grabado) o de forma voluntaria (cuando se dejaban aparatos de grabación en entornos propicios para que alguna voz del más allá hiciese oír sus quejas, lugares tales como escenarios de algún crimen, castillos, monasterios abandonados, etc.). A esas voces recogidas en las grabaciones se le dio un nombre: psicofonías.
 
El debate sigue ahí. ¿Son voces del más allá o es cualquier otro fenómeno desconocido? De lo que no hay duda es que esas voces se cuelan en las grabaciones y todo el mundo puede escucharlas después y certificar que nadie ha manipulado los aparatos de grabación.
 
Resulta interesante repasar la historia de las psicofonías a través de un artículo titulado “La historia de las psicofonías” ( https://mundopandereta.blogspot.com/2024/10/la-historia-de-las-psicofonias.html ). De dicho artículo me permito destacar este párrafo:
 
“En 1959 llegamos a un momento clave en la historia de las psicofonías. Friedrich Jürgenson, un productor de cine, documentalista, pintor y músico sueco que es considerado, también, el pionero y padre de la investigación de las EVP o Fenómenos de Voces Electrónicas, registró con su magnetófono una voz muy cercana para él. Mientras se encontraba registrando el canto de las aves para un documental en una campiña cercana a su casa en Estocolmo, una voz familiar se coló en su grabación. Tras revisarla en varias ocasiones para identificar qué era eso que se había colado entre el canto de los pájaros, Jürgenson pudo descifrar el mensaje y de quién provenía. “Friedel, mi pequeño Friedel, ¿puedes oírme?”, fueron esas palabras que Jürgenson relacionó rápidamente con su difunta madre, puesto que ella era la única que le llamaba de esa manera. A partir de ahí, Friedrich Jürgenson inició una carrera centrada en la investigación repleta de decepciones, pero también de éxitos remarcables, además de relacionar directamente esas psicofonías con mensajes de difuntos”.
 
Por mi parte relataré un ejemplo comprobado y certificado por mí, aunque en esta ocasión no hubo grabación alguna sino sólo la escucha de una voz en condiciones tales que no existe para ello ninguna explicación “racional”. Sucedió hace unas décadas. Eran dos hermanos de avanzada edad y el mayor de ellos cayó enfermo cuando estaba en el pueblo, mientras el otro hermano, el menor, se hallaba lejos, en la capital. Rápidamente avisaron al hermano menor y este cogió el tren para desplazarse al pueblo e interesarse de cerca por la salud de su hermano y cuidarlo en lo que pudiera. Cuando estaba a mitad de camino, en el tren, escuchó la voz de su hermano que repetía dos veces, fuerte y claramente, su nombre. Al oír cómo le llamaba esa voz, que identificó sin lugar a dudas con la de su hermano mayor, se volvió pero no vio nada ni a nadie fuera de lo normal, no se escuchaba ningún ruido o ajetreo fuera de lo normal.
 
Por fin, cuando llegó al pueblo y se acercó a la casa para ver a su hermano enfermo, ya era tarde, había fallecido. Un tiempo después, el hermano menor habló con el médico que atendió a su hermano mayor en sus últimos instantes de vida y le preguntó si había dicho algo especial antes de morir. El médico le contestó que sí, que justo antes de expirar repitió dos veces el nombre de su hermano. Cuando le preguntó que a qué hora sucedió aquello, pudo comprobar que a esa hora exacta él se encontraba en el tren camino del pueblo, justo en el momento en que escuchó cómo repetían dos veces su nombre.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon:
https://www.amazon.com/author/fisac
Ninguna otra novela te hará “sentir” como esta…
“Castidad & Rock and Roll”: https://amzn.eu/d/3h5vXyG