Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...

miércoles, 3 de febrero de 2021

Un cadáver exquisito (94)

Capítulo 91.- Aquí hay tomate
 
El jaleo creciente de la pelea se había extendido como un murmullo y cada vez más enfermos salían de sus habitaciones, arrastrando sus goteros, para presenciar el espectáculo. Un avispado comenzó a hacer apuestas sobre quién tumbaba a quién, y a los pocos minutos los billetes de 20 y 50 euros se amontonaban por el suelo del pasillo con un corro de enfermos alrededor que gritaban “50 para Chuk” y otro que decía “pues yo otros 50 para el chico, que lo que cuenta no es la fuerza sino la inteligencia” y cada vez que un orinal o una caja de ampollas salían volando, se escuchaba un “¡Oooooh!” muy grande  y una salva de aplausos cuando finalmente “¡Ploff!” se estrellaban contra alguna pared y caían.
Pedro Bareta, que se había despertado, miró a Jacinto hecho un ovillo en el suelo y pensó “esta es la mía” y empezó a darle patadas en los riñones. Edu aplicaba con destreza la técnica “Mouriño”, consistente en meter un dedo en el ojo ajeno, y Pía se esmeraba en dejar a todos los presentes un recuerdo de su bonita dentadura. Eva no sabía de parte de quién ponerse, entre otras cosas porque allí peleaban todos contra todos, pero como estaba irritada porque le habían interrumpido su romance con Tati, justo cuando le iba a enseñar la colección de cactus que habían convertido el despacho de Enfermería en un auténtico jardín cactáceo, se desahogaba repartiendo mamporros aunque poco a poco se fue dando cuenta de la exhibición de artes marciales que estaba haciendo Tati, aumentando así más aún su admiración por ella (“esto sí que es una tía”, pensó).
Pero las fuerzas del orden ya habían llegado al hospital, aunque Teófilo no se había podido lucir, más bien todo lo contrario.  Cuando llegaron el sargento  Miñambres,  el  guardia Chencho y el Dr. Palominos (que venía con ellos) lo pillaron a él con la moto-pizza y las llaves del coche de Andrea en las manos y el único saludo que recibió del sargento fue un:
- ¡Quítese de ahí! ¿no ve que no está el horno para pizzas?
Justo cuando él iba a explicarles lo que pasaba, y que en ese momento era un autobús de la línea 57 que hacía el recorrido Hospital-Arganzuela. Para colmo de males, se acercó por allí un grupo de jóvenes que lo rodearon. No tenía escapatoria: 
- Una calzone para mí” -dijo uno.
- Una fungi para mí -dijo otro.
- Una de pollo a la barbacoa -dijo el de más allá.
- La mía extra de queso -repitió el primero...

martes, 2 de febrero de 2021

Un cadáver exquisito (93)

Capítulo 90.- Burla burlando...
 
A Toribio se le iba a caer el pelo- el poco que tenía- por escaparse del hospital.
- Pero, ¿cómo se le ocurre? Una operación tan delicada y tan complicada y usted se larga así, por las buenas.... y ¡viene con los puntos saltados!...  De gracias a Dios, que podía ser mucho peor... Desde luego, ¡qué inconsciencia!.. -suspiró la enfermera Cati (no confundir con la enfermera Katy del Hospital Móstoles-Empanadilla).
Toribio, para evitar que le siguiera dando la barrila, le empezó a recitar las primeras estrofas de "Ne me quitte pas":
- Ne me quitte pas,
Il faut oublier
Tout peut s`oublier,
Qui s`enfuit déjà
Oublier le temps
Des malentendus.
- Nada, ya está con lo mismo de antes, a hablar lenguas raras que no se le entienden -le dijo a su compañera la ATS Vicky.
Fue entonces cuando François tarareó a su espalda el resto de la estrofa:
- Et le temps perdu
A savoir comment
Oublier ces heures
Qui tuaient parois
A coups de pourquoi
Le coeur du bonheur.
- ¡Anda!- exclamó la ATS Vicky-, otro que habla latín, y le pone música y todo.
- De latín nada mademoiselle, francés de la misma Francia, de Marsella en concreto.
- ¿De donde el jabón?
- Oui, de allí mismo -dijo guiñándole un ojo.
- Entonces este sinvergüenza ¿que es lo que habla? ¿francés? -apuntó señalando al falsario de Toribio.
Al verse descubierto, éste puso pies en polvorosa, pero no le valió de nada, se le tiraron encima como dos gatas rabiosas y lo arrastraron de nuevo a su habitación, desoyendo sus gritos y protestas, ahora en castellano de Palencia.
- ¡No quiero, no me da la gana, esto es abuso de autoridad!
Y nunca mejor dicho,  porque fue en ese momento cuando apareció por la puerta el sargento Miñambres. “¡Este hombre es como un pitbull! –pensó Toribio- ¿Es que no me va a soltar nunca o que?”

lunes, 1 de febrero de 2021

Un cadáver exquisito (92)

Capítulo 89.- Kárate a muerte en la 216
 
Teófilo, el guardia de seguridad de la puerta del hospital, tras darse cuenta del marrón que le habían colocado con la moto-pizza, además de la angustia que le producía no poder atender los pedidos que sin parar le hacían las visitas antes de entrar al hospital, decidió llamar al teléfono que venía rotulado en el cajetín.
- ¡La pizza risueña, hacemos la pizza con la que todo el mundo sueña! ¿Dígame? -contestó Andrea que, como siempre, estaba al pie del cañón.
- Deseo que venga aquí cagando leches a por esta Vespino que me han dejado a mi cargo sin comerlo ni beberlo… -contestó Teófilo.
- Será porque no habrá querido… nuestra oferta super-risueña… una pizza familiar y dos bebidas a…
- ¡Que se calle! ¡Que o viene ahora mismo a la puerta principal del Hospital Central o mando la moto a que la hagan la autopsia!… tiene 5 minutos.
- Voy para allá. ¿Le llevo algo para picar…? tenemos unos aros de cebolla…
- Ya está corriendo el tiempo. Y colgó.
Menos mal que el hospital estaba al lado. La moto tenía que ser de David, fijo; pensó Andrea. Era el único que tenía permiso especial para llevársela a su casa. Y las otras cuatro estaban al lado de la furgoneta.
Emulando a las viejas glorias italianas de las carreras de coches, Andrea salió derrapando camino del hospital.
Cuando estaba a medio camino, vio a Fermina esperando el autobús que llevaba al Hospital Central. Paró en seco delante suyo.
- Vaya, Fermi, ¿cómo estás? ¡Qué alegría verte! ¿Qué haces aquí?
- Hola  Andrea  -contestó  secamente  Fermina-.  Voy  al Hospital Central a repetirme unos análisis que parece que la primera vez dieron unos resultados extraños y me los han tenido que volver a hacer. Y tú, ¿a dónde vas?
- Súbete Fermi, que te llevo y te lo cuento de camino.
- Quiá me voy a montar contigo. Vas dao.
- Es por David. Creo que está en un lío.
Fermina subió de inmediato.
 
Andrea llegó justamente en el momento que Teófilo empezaba a arrastrar la moto al aparcamiento.
- Agente, dijo Andrea, soy el propietario de este vehículo especial acondicionado para el transporte domiciliario de delicias gastronómicas italianas…
- Vaya, el pizzero… ya estaba a punto de liquidarla.
- Pero ¿y el chico que se la dejó? - preguntó Fermina.
- Subió como alma que lleva el diablo, y lo ha tenido que encontrar porque parece que se está liando una buena en la planta segunda.
Andrea y Fermina, salieron igualmente pitando para arriba, quedándose Teófilo con el coche de Andrea atravesado delante de él y las llaves en su mano, como si él fuera un guardacoches, con una cara entre: A) me cago en tó; B) esto me pasa por ser buena gente; C) me falta autoridad; D) todas las respuestas son correctas.
Iba a utilizar el comodín de la llamada y... comunicaba. “Ua..ua.. uaaaaaa. Ohhhh”.
 
Mientras tanto Tati y Eva, amor a primera vista, embelesaditas una de la otra paseaban por la segunda sin oír la bronca monumental.
Pero al pasar por delante de la 216, con la puerta abierta, Tati vio a Edu dando convulsiones aéreas alrededor del cuello de Chuk.
No vio que Kurkowsky estaba detrás de la puerta intentando calmar la situación con la exhibición de una pistola. Pero el KGB no le había preparado para esta situación.
Sin pensárselo dos veces, y gracias a sus  conocimientos de artes marciales, Tati le aplicó a Chuk un TETSUI-UCHI (KENTSUI-UCHI) (golpe de martillo) en todo el pecho, que tuvo un efecto inminente. ¡Zás! Al suelo. Edu salió volando cayendo encima de Jacinto que del golpe recobró el conocimiento.
Eva, por su código deontológico, intentó ayudar a Chuk y como éste iba ciego se agarró a los pechos de Eva que pegó un grito. En estas que lo oyó Tati:
- A mi chica solo le toca las tetas yo, te la has cargado, patán.
Y le arreó un MAE-ENPI-UCHI (golpe con el codo hacia delante) en las narices que le tumbó de espaldas.
David intentó ayudar a Edu, al fin y al cabo iba a ser su cuñado pero Jacinto en otro vahído se agarró a los dos y los arrastró a la cama.
En estás apareció Fermina en la habitación y viendo la extraña maniobra de Jacinto le gritó:
- ¡Desgraciao, pedestre! (quería haberle llamado pederasta, pero le salió eso) ¡Que estás haciendo con mi hijo! ¡Te mato!
Y Fermina se lanzó con el bolso en ristre aplicándole a Jacinto un TEVASAACORDARTOALAVIDADELA-HEBILLA-DELBOLSOCUANDOTEMIRESENLESPEJO (o sea, bolsazo radical en toda la cara) consiguiendo su objetivo pero desestabilizándose y cayendo de bruces sobre Vandam, al que le daba lo mismo, porque su conocimiento estaba apagado o fuera de cobertura en ese momento.