Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...

jueves, 2 de mayo de 2019

Estamos de paso


Yo he definido la Poesía como “el lenguaje del alma”, por ello no es de extrañar que la poesía me acerque más que ninguna otra cosa al mundo espiritual. Leer y releer, saborear los poemas propios o ajenos, es una de las experiencias más gratificantes que hay. En esta nueva serie que hoy empiezo en mi blog “Palabras inefables” traigo en portada a uno de los mejores poetas españoles contemporáneos, José Hierro.

En uno de sus poemas, titulado “Para un esteta” nos advierte cuál es nuestro papel en esta vida, lanza una advertencia a esa tendencia natural al ensalzamiento del ego, a la prepotencia, a ver el mundo como algo que debe someterse a nuestro criterio y a nuestro capricho. De dicho poema, extraigo estos versos para que puestos en el plato que es la pantalla del ordenador, en el restaurante de Internet que es este blog, te detengas ante ellos, los degustes con mesura, te deleites con el poso de su aroma, los digieras y asimiles el alimento que contienen:

“No has venido a la tierra a poner diques y orden
en el maravilloso desorden de las cosas.
Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas
sin alzar vallas a su gloria.
Nada te pertenece. Todo es afluente, arroyo.
Sus aguas en tu cauce temporal desembocan…
No has venido a poner orden, dique. Has venido
a hacer moler la muela con tu agua transitoria”.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Si llevas niños en el coche, tienes que hacer esta revisión


Hay decálogos para la vida laboral, para la salud, para el deporte, para todo… y sobre todo hay algunos decálogos que salvan vidas. Uno de estos últimos es el que se publica hoy en el digital diario de Ciencia, Salud y Actualidad, “AZprensa” y que deberían conocer y aplicar de forma obligatoria todos aquellos que se ponen al volante de un coche y llevan dentro del mismo algún niño. Este es el “Decálogo de la seguridad vial infantil”:

Era un señor tan bajito, tan bajito…

Aviso: Este post no es apto para “ofendiditos”, es decir, aquellas personas que carecen de sentido del humor y se ofenden por todo. Si tú eres una de esas personas, por favor, no sigas leyendo y recuerda que el sentido del humor es la única medicina que no tiene efectos secundarios.
 
Empezamos… Todos hemos oído y repetido a lo largo de nuestra vida, y en especial durante la niñez, chistes de bajitos, esos que comenzaban diciendo “era un señor tan bajito, tan bajito, que…”. De la siguiente lista, seguramente recordarás los dos primeros, ya que son los más populares; sin embargo, si usas la imaginación, esto da mucho juego, así que he ampliado la lista con muchos más de mi propia cosecha, y si tú te animas, cualquier otro que se te ocurra será bienvenido, sólo tienes que añadirlo en los comentarios de este blog.
 
Que la cabeza le olía a pies
Que se metía en sitios prohibidos para que le dijeran “¡alto!”
Que para cortarse el pelo iba al callista
Que para ir al Metro tenía que subir escaleras
Que para rascarse la cabeza se tenía que agachar
Que si tropezaba al andar, en vez de caer, subía
Que fue al oculista y le pusieron unas gafas en los ojos de gallo
Que para tomarle medidas tenían que hacer espeleología
Que le gustaba vestirse de cura, para llevar alzacuellos
Que para subir el bordillo de la acera tenía que usar piolet y crampones
Que cuando le preguntaban por qué era tan ambicioso, contestaba que quería tener “miras muy altas”
Que en Internet no quería usar Google ni Yahoo, sino Altavista
Que en asuntos de negocios siempre iba hasta el fondo de la cuestión
Que cuando estaba enfermo, en vez de subirle la fiebre, le bajaba
Que cada dos por tres lo detenía la policía, por estar bajo sospecha
Que cuando se iba a pescar, hacía pesca de bajura
Que no conseguía triunfar en su empresa porque todos le pasaban por encima
Que para que le escuchasen, siempre tenía que alzar la voz
Que como mascota, en vez de un perro, tenía un topo
Que se podía bañar inmediatamente después de comer, porque enseguida le bajaba la digestión.
Que para atarse los cordones de los zapatos, tenía que subirse a una silla
Que por mucho que levantara la vista, siempre veía el suelo
Que si llovía mucho, tenía que cruzar los charcos a nado
Que su música favorita era el cante jondo
Que su programa favorito de televisión era “Ahora caigo”
Que para revisar los bajos del coche no tenía que meterse en el foso
Que no tenía luz en su casa porque siempre había cortocircuitos
Que se codeaba con delincuentes, porque siempre estaba en los bajos fondos
Que tenía una salud cardiovascular excelente y nunca le subía la tensión
Que todo lo compraba en rebajas, porque los precios eran más bajos
Que no necesitaba Danacol para que le bajase el colesterol
Que cuando buscaba trabajo sólo conseguía empleos bajos
Que hasta su familia era de la clase baja
Que cuando se dedicó al boxeo triunfó por descalificación de todos sus rivales porque le daban golpes bajos
Que cuando formó parte de un conjunto musical él era el bajista.
Que cuando cantaba en el coro, él era siempre bajo
Que cuando llovía no se mojaba porque se ponía bajo techado
Que era muy querido por sus profesores y en el colegio siempre estaba bajo tutela
Que se presentaba a certámenes literarios bajo pseudónimo
Que sus bares favoritos eran los Ice bar porque estaban bajo cero
Que siempre pedían su opinión para ver las cosas bajo otro punto de vista
Que cuando hizo carrera política consiguió un escaño en la Cámara baja
Que era muy depresivo y siempre estaba en horas bajas
Que se iba de vacaciones en temporada baja
Que al escribir nunca usaba la letra “b” sino la “v” o “ve baja”.
Que cuando salía al campo nunca iba a la montaña, sino al monte bajo
Que cuando trabajó de linotipista le encargaron se ocupase de las letras de caja baja
Que su conjunto favorito era Celtas cortos
Que tenía miedo de pasear por el campo por si le pisaba una culebra
Que nunca miraba más allá de sus pies porque era corto de miras
Que en su casa las goteras parecían surtidores
Que cuando salía en las procesiones, siempre iba bajo palio
Que para bajar al sótano tenía que subir las escaleras
Que cuando llegaba el invierno se ponía malo porque tenía bajas las defensas
Que en su huerta sólo cultivaba tubérculos (zanahorias, patatas, ajos, cebollas, etc.) para tenerlos al alcance de la mano
Que le llamaban “el filósofo” porque tenía pensamientos muy profundos
Que por muchos méritos que hiciese en el trabajo, nunca ascendía
Que en su tienda lo único que subía eran los precios
Que quiso entrar en una orquesta y le dijeron que tocara el bajo
Que guardaba sus objetos más valiosos bajo llave
Que era tan cabezota que no cambiaba de opinión bajo ningún concepto
Que se fue a escalar el Everest sin oxígeno para que le diera el mal de altura
Que solo se podía bañar cuando la marea estaba baja
Que era tan disimulado que todo lo hacía bajo cuerda
Que en vez de tener buzón en su casa, prefería que le echasen las cartas por debajo de la puerta
 


Un libro prohibido a todos aquellos que no tengan sentido del humor:
“Diccionario Daimieleño – Español”: https://amzn.to/3qT88mu