sábado, 30 de julio de 2016

Lo que vió el hombre de las sombras...

Allí seguía, tumbado en el parque, sobre la tierra aún húmeda por la reciente lluvia, sin importarle que su gabardina se manchara de barro y con la vista y el pensamiento perdidos en las estrellas que cada vez ocupaban más espacio en el cielo conforme las nubes se alejaban. Ya habían pasado muchos años y ahora él era tan viejo como ese padre al que recordaba con cariño. Se tocó el rostro y se cercioró de los surcos que la edad le había dejado como cicatrices del paso de los años. Se llevó la mano a la cabeza y comprobó cómo de su antigua hermosa y tupida cabellera sólo quedaban ahora unos pequeños recuerdos. Miró de nuevo al cielo y en el silencio de la noche fue capaz de escuchar los latidos de su propio corazón: le decían que él estaba vivo, que su alma era joven e inmadura, que él seguía siendo un niño por mucho que su cuerpo hubiera envejecido... mas no había allí nadie que le confirmaran lo que había de cierto o errado en sus pensamientos.

Se levantó lentamente y regresó a su casa. La lluvia era pasado pero el suelo encharcado le recordaba que todo lo que había sentido y vivido aquella tarde era real. Pasó de nuevo por la cafetería que ya estaba cerrada y creyó ver en el cristal del escaparate el reflejo tímido y amable de la camarera que le había atendido... pero solo fue el reflejo de alguien que pasó a su lado.

Se detuvo a la luz de una farola y sin poder reprimirlo sacó de su bolsillo un sobre alargado y extrajo el papel que había en su interior. Lo leyó aunque ya se lo sabía de memoria y no entendía ni la mitad de las cosas que allí ponía, aunque sí la conclusión final: ya estaba cerca de su final, así lo reflejaban los análisis médicos.

Sintió que todo le daba igual. ¿Para qué? ¡Si no tenía a nadie! Estaba solo. Su mujer había muerto hacía ya unos cuantos años y no tenía ningún familiar cercano, al menos ninguno que estuviese próximo a su corazón. ¿A quién le iba a importar que muriera? Nadie lo iba a extrañar. Nadie lo echaría de menos. Nadie lo recordaría.

Guardó el papel en el sobre y siguió caminando hacia su casa. Al llegar al portal sacó las llaves mientras su imagen se reflejaba ahora en el cristal de la puerta. Se veía allí, con su larga gabardina que, entre el cuello subido y el sombrero inclinado hacia delante apenas dejaba vislumbrar su rostro. Pero entonces sintió algo que le hizo estremecer: ¡Esa imagen que acababa de contemplar en el cristal de su portal le resultaba extrañamente familiar! Era algo así como verse a sí mismo desde el exterior, como un espectador de sí mismo. Pero tampoco era eso. Algo se encendió en su interior y le hizo retroceder unos pasos. Junto al portal de su casa había una librería en la que solía abastecerse de lectura. Se acercó a su escaparate y miró con detenimiento los libros que se exponían para la venta. Y entonces surgió la sorpresa: allí había un libro que se titulaba “El hombre de las sombras”, de una tal Neus B.G. ¡Pero la fotografía que aparecía en la portada, la figura de un hombre con una larga gabardina con el cuello subido y un sombrero tapándole el rostro, mientras caminaba bajo la lluvia, eran él mismo, eran él mismo aquella misma noche!!!

Fue entonces cuando sintió que ya no estaría sólo, que cuando se hubiese ido de este mundo, habría muchas personas que le recordarían y mantendrían viva su memoria: todos los lectores de aquél libro.

PD.- Para el que quiera conocer el comienzo de esta historia, este es el enlace:
https://mimundoymisideas.blogspot.com.es/2016/07/el-hombre-de-las-sombras.html

2 comentarios:

Neus BG dijo...

Ohhhh!! Me ha hecho mucha ilusión que siguieras la historia y me ha gustado mucho como la has continuado :) Ojalá algún dia se cumpla ese pronostico y llegue a escribir un libro ;) ¡¡Muchas gracias!!
Un abrazo
Neus

Palabras Inefables dijo...

Se me había olvidado incluir el enlace con el comienzo de esta historia, así que ya lo he puesto al final de la misma para todo aquél que quiera conocerlo.