Hoy en "El eco de Fisac" puedes leer...

viernes, 5 de noviembre de 2010

Soy un delincuente

Ayer hablaba de cómo nuestros gobernantes no paran de crear nuevas leyes, una tras otra, con tal de tener pretextos para multarnos cuando les de la gana y así recaudar más impuestos. Eso nos anima aguzar el ingenio para saltarse las leyes y alegrarnos cuando no nos pillan.

Hoy mismo, por ejemplo, yo he infringido cuatro leyes distintas:

1.- Por la mañana al salir de casa, tiré la bolsa de basura dentro del contenedor, pero no me ocupé de rebuscar entre la basura acumulada en mi bolsa para sacar de allí una lata de cerveza que por descuido mezclé con los residuos orgánicos. Por consiguiente, según la ley aprobada recientemente por Gallardón, hubieran podido multarme si me pillan.
2.- Después fui al garaje y circulé por el coche por el centro de la ciudad en un área donde la velocidad máxima permitida era de 30 km/h. No me di cuenta, pisé el acelerador y me puse a 31 km/h. Según la nueva ley de tráfico aprobada este verano, ese “exceso” es penalizable. Menos mal que esta vez no me pillaron.
3.- Después dejé el coche y como tenía prisa (se va más rápido andando que en coche) crucé la calle por donde me vino en gana, o sea, fuera del paso de peatones indicado (aunque miré y no venía ningún coche, pero esto no exime de la culpa). Esto también está penalizado y por consiguiente me podían haber puesto otra multa.
4.- Finalmente, estornudé y llené un clínex con mocos. Miré a alrededor y no encontré ninguna papelera. Como no me apetecía llevar de paseo a ese pegote de mocos por toda la calle, lo tiré cuidadosamente al suelo junto a un desagüe (pero esto último tampoco exime de culpa). Así que también por esto me podían haber puesto otra multa.

En definitiva: Hoy he infringido cuatro leyes, me podían haber puesto 4 multas, pero os aseguro que no tengo ningún remordimiento de conciencia.

PD.- Aunque los hechos aquí relatados guardan un gran parecido con la vida real, certifico que han sido inventados para ilustrar este concepto. Por tanto lo anterior no es una confesión de delito y no podrá ser utilizada en contra mía para recaudar más.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Cuando las leyes sólo son pretextos para recaudar

Dicen expertos juristas que con 300 o 400 leyes básicas podría funcionar fácilmente una sociedad; sin embargo en nuestro país creo que hay más de 3.000 y esta cifra sigue creciendo.

Lo que se consigue con esta promiscuidad de leyes es únicamente estimular la imaginación del ciudadano para saltarse las mismas, algo que será aplaudido y envidiado por todos los demás sobre todo cuando dicha acción quede impune. Para los gobernantes responsables de poner en marcha esas leyes, sólo se trata de pretextos, de coartadas legales, para cobrar al ciudadano un dinero extra que les permita seguir manteniendo y aumentando el aparato político con sus correspondientes gastos de representación, dietas, sueldos, lujosas instalaciones, etc. Y como cada vez hay más cargos que mantener...

lunes, 1 de noviembre de 2010

Niña ¡qué atrás se ha quedado el tiempo!

Niña ¡qué atrás se ha quedado el tiempo!¿Recuerdas? No, ya no recuerdas nada. Los días vacíos han borrado tus entrañas. Un chalet en las afueras, un suelo verde con baldosas blancas, unos árboles pequeños, una piscina dormida. Es la tarde, y al más leve movimiento, surge el sudor. El aire adormece. - ¿Te gusta? –te pregunto. - ...Sí... –respondes tímida y sonríes. Allí sentados, fuera del tiempo, te enseñaba poesía. - ¿Qué es? –preguntaste. - Es sentir, es la vida. - No lo comprendo del todo; esto no tiene metro ni rima. - ¿La tiene la vida acaso? No ¿verdad? Por eso mi verso es como la vida: libre, sin reglas, siguiendo un ritmo, escrito al impulso de mis venas. ¿Lo ves ahora un poco mejor? - Un poco. - Esto es más que un papel con signos. Es profundo y hondo, con un relieve palpable al ultrasentido. Tócalo. Así tu mano, por primera vez, rozó con temor e intriga esos signos. Te estremeciste un poco. - Esto vibra –dijiste trémula. - Es que quiere sentir tus dedos y decirte muchas cosas. Y tu mano siguió el camino y, a veces, rozó la mía. - Ha despertado tu ultrasentido –te dije. Entusiasmada, como estabas, no detuviste tu camino. Me alegraba verte así, dominados tus instintos. Estabas abierta, tus músculos habían sido dormidos por tu mente. Quizás en aquellos instantes no funcionaba el reloj. El “¡Párate, oh, Sol!” de antaño lo habíamos logrado sin saberlo. - Es maravilloso sentir algo que no vemos. Palpar ideas y sentirlas en toda su plenitud. Has logrado algo grande –me dijiste. - Me alegran tus palabras, pero aún más el que las sientas. Todo ha de ser así, como tú has dicho: palpar los sentimientos. ¿Comprendes ahora el por qué de estos versos? ¿Comprendes ahora su balanceo? - Sí, lo siento –me respondiste. La tarde, con su lenta monotonía, fue desgranándose y difuminando de rojo el cielo. Una voz te llamó y te perdiste. ¿No recuerdas aquella tarde? ¿Por qué no vuelves? ¿Acaso volvió a dormirse, ausente de mis manos, el ultrasentido que una tarde perdida hice renacer? ¿Dónde se ha dormido tu esperanza? ¿Dónde se olvidaron tus recuerdos? Niña, ¡qué atrás se ha quedado el tiempo!


Narrativa poética incluida en el libro:

“Los primeros pasos de un escritor”: https://amzn.to/2OCXtzc