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miércoles, 30 de agosto de 2023

Tú eres una suma

Cada uno de nosotros se considera como algo individual, tu “yo”, tu “ego”, tu “personalidad”. Por eso, cuando pensamos en la muerte y en lo que vendrá después, lo hacemos desde la perspectiva de ese yo, de ese ego, de esa personalidad que ahora mismo poseemos. Pero… tú no has nacido ahora, tú vienes de lejos.
 
Pensamos que cuando nacimos ese era el kilómetro cero de nuestro recorrido, y no es así, la fecha de nuestro nacimiento sólo es la “salida” de una nueva etapa en el “tour” de la vida. Antes de nacer hemos sido otros “yo”, hemos tenido otros “egos”, hemos tenido otras “personalidades”, y así en cada una de las etapas de esta carrera. La distancia que hay entre la fecha de tu nacimiento y la de tu muerte, no es la distancia de la carrera, sino la distancia de una etapa. Hubo muchas etapas antes, y habrá otras muchas etapas después.
 
Nosotros somos, por tanto, la suma de todos esos “yo”, “egos” y “personalidades”, pero no será hasta el final de cada una de las etapas que conoceremos qué es lo que forma toda esa suma y nos daremos cuenta de que esa “suma” es lo que realmente somos.
 
Piensa en la vida como en una carrera ciclista, como el Tour de Francia, el Giro o la Vuelta a España. En cada una de esas etapas tú naces y mueres; tú te comportas de una manera y de otra (unas veces eres gregario, otras haces una escapada en solitario, otras lideras la carrera, otras tienes una caída y llegar rezagado a la meta, otras consigues el premio a la montaña….) en cada una de esas etapas; y al final de cada una de ellas es cuando te das cuenta de todo lo que has hecho, de lo que has conseguido en su conjunto y de lo que aún te queda por hacer.
 

Selección de artículos de un periodista que escribe lo que otros no pueden o no se atreven a hacer…
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martes, 20 de junio de 2023

Anteojeras psíquicas


Normalmente el ego actúa como una presa, para mantener alejadas de nosotros otras percepciones. Pero no lo hace porque esté en su naturaleza, ni porque esa sea su función; lo hace porque nosotros mismos hemos sido educados y así lo transmitimos a las demás generaciones, para utilizarlo como una especie de anteojeras protectoras, falsamente protectoras. El resultado es que esas anteojeras nos aíslan de otras realidades y circunscriben nuestro mundo a una pequeña escala que ignora todo lo que está a nuestro alrededor en otras percepciones a las que dichas anteojeras no nos dejan acceder.
 
Esto hace que nuestro ego no pueda relacionarse, no pueda darnos acceso, a otras realidades. Nos ponemos anteojeras nosotros mismos, y después nos quejamos –como niños malcriados- de que no podemos ver.
 



Hay escritores que escriben sobre su infancia y juventud, pero muy pocos que hayan conservado y publicado lo que escribieron entonces…
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sábado, 27 de mayo de 2023

El ego, ese carcelero

Si tienes una concepción limitada de la naturaleza de la realidad, es decir, sólo ves y crees en lo que tocas, hueles, ves, saboreas y escuchas, entonces tu ego se envalentonará y se convertirá en tu carcelero para mantenerte encerrado en ese espacio que tú mismo te has creado. Para un carcelero es muy cómodo tener un prisionero que no intenta escapar de sus cuatro paredes, que ni siquiera intenta mirar a través de los barrotes de su ventana qué es lo que hay allá afuera. Eso mismo sucede con el ego, el cual se siente cómodo cuando tú no quieres ni siquiera mirar qué hay allá afuera y te contentas con vivir en ese espacio pequeño que has creado con tus cinco sentidos.
 
Si por el contrario dejas a tu intuición, a tu imaginación y a tus instintos creativos en libertad, ellos te podrán traer conocimiento de esas otras dimensiones que están ahí mismo pero eres incapaz de verlas o de comprenderlas. Estamos tan orientados a lo físico, a lo que nos marcan nuestros cinco sentidos, que no somos capaces de percibir otras realidades.
 
La intuición, la imaginación y la creatividad, serán tus mejores aliados para sacarte de este encierro que tu propio ego ha creado, porque si llegas a conocer lo que hay fuera, sabrás que tu ego (que ahora se cree tan importante porque te tiene esclavizado) es insignificante pero, al mismo tiempo, tú eres muchos más, más grande y más importante, que tu ego porque formas parte del todo universal (puedes llamarlo Dios o como quieras).
 
PD.- ¡Ah! Eso sí, la intuición, la imaginación y la creatividad hay que trabajarlas; si te quedas en plan pasivo, no funcionarán.
 

Una aproximación a esa otra realidad que está ahí pero no vemos…
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