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miércoles, 2 de julio de 2025

Nany o la hipocresía

Una historia de amor contada a través de las frases de sus protagonistas: Nany o la hipocresía
 
Él (el despechado):
¡Vete lejos, Nany, y no regreses jamás! Prefiero morir ahora que arrastrar mis días mendigando las migajas de una vida falsa. Quiero borrar tu rostro, olvidar que te amé. Me engañaste con el tintineo de tus ajorcas, con un “te quiero” que brotaba de un corazón marchito. Como abeja, libaste mis besos, zumbando a mi alrededor, tejiendo mentiras para confundirme. Y yo, ciego, te creí. Soñé que tu alma volaría conmigo, que reposarías en mi pecho bajo la sombra de las praderas. ¡Márchate, no soporto tu mirada! No quiero tu compasión, ni tus perlas falsas que una tarde, en mi casa, me hicieron ver un ángel que nunca fue mío. Hoy vengo roto, ebrio de dolor, con el sabor amargo de tu veneno en la lengua. ¡No me mires, no quiero arrepentirme! Has destrozado mi jardín: las flores yacen muertas, los prados rasgados por la peste, la fuente murmura su canto monótono. Mi hogar está frío, con cristales rotos y sucios de barro. No puedo vivir aquí. Quiero huir, beber hasta olvidar, perderme para siempre. ¡Vete, Nany, tú que con palabras aladas desollaste mi corazón! Has destruido mi vida, y juro que seré, desde hoy, un perdido.
 
Amigo (el consuelo):
Mira, hermano, todos estamos contigo. Vemos el paisaje árido que te rodea, sentimos la herida que te quema. Queremos que no llores, porque tu dolor también es nuestro. Sé que buscas el vino para olvidar, pero alza los ojos: ¿no ves esa flor bajo el árbol, sedienta, pidiendo agua? No todo está perdido. La luz, allá arriba, volverá a danzar caprichosa. La tierra, aunque herida, abre sus brazos para que siembres nuevas semillas. Ven, no te detengas. La fuente sigue vertiendo su canto puro; no la manches, porque ella alimentará tus nuevas plantas. Mira esa flor, hermano, y dale vida. No te rindas.
 
Él (la redención):
Gracias, amigos, por sostenerme. No dejaré que esa flor se marchite, ni que mi pena la alcance. En su fragilidad encontraré la fuerza para olvidar a Nany. De esta tierra herida brotará mi esperanza, y con ella, un nuevo jardín.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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lunes, 30 de junio de 2025

Beatriz o el orgullo

Una historia de amor contada a través de las frases de sus protagonistas: Beatriz o el orgullo
 
Él (el soñador):
¡Ay, hermano, esta tarde ella pasará por aquí, y mi corazón no sabe qué palabras ofrecerle! El fulgor de sus ojos, como lámparas en la penumbra, cegará los míos. Me quedaré a un lado, temblando, cuando su sombra cruce mi sendero. ¡Qué dicha sentir, aunque sea sin querer, el roce de sus alas en mi piel! Tal vez me mire con su altivez de siempre, y tiene razón: ella merece más que mis humildes flores. Anhela vestidos de seda, joyas que reflejen su grandeza, y yo, pobre, solo tengo el polvo de mi campo. Caminará delante, y yo besaré la huella de sus pasos. Sus miradas, fugaces, serán para mí eternidades. Pero, dime, hermano, ¿qué le diré cuando la vea? No importa. Saldré a su encuentro con lo único que poseo: arrojaré a sus pies mis mejores deseos, aunque ella, tal vez, los pisotee.
 
Ella (Beatriz, la orgullosa):
¡Ay, hermana, esta tarde saldré con él, y no sé cómo contener este peso en el pecho! Sé que llegará con su sonrisa fresca, con el alma abierta como un amanecer. Pero debo decepcionarlo. ¿Cómo explicarle que su pobreza choca contra mi riqueza? Yo nací para danzar en palacios, para deslizarme sobre mármoles pulidos y contemplar mis dominios desde las alturas. Él, en cambio, se conforma con regar las flores de su campo y plantar una semilla cada mañana. ¡Ay, hermana, esta tarde guardaré silencio para no quebrar su ilusión primera! Luego, me desvaneceré para siempre, antes de que su humildad me hiera.
 
Él (en su desolación):
Tenía razón. Beatriz se ha ido, dejándome aturdido por el veneno dulce de su adiós. Mis regalos yacen rotos, mezclados con el polvo de sus huellas. Nadie recogerá esos fragmentos manchados. Aquí estoy, otra vez, en mi jardín, bajo un sol que quema, sembrando flores que nadie verá. ¡Qué amarga pena, ay, que nadie quiera pisarlas! Y aun así, entre la tierra y el silencio, sigo soñando con el roce de sus alas.
 

Vicente Fisac es periodista y escritor. Todos sus libros están disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/author/fisac
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sábado, 28 de junio de 2025

Pilar o el materialismo

Una historia de amor contada a través de las frases de sus protagonistas: Pilar o el materialismo
 
Él (el soñador):
No temas adentrarte conmigo en la selva secreta de los sueños. Deja que la brisa del verano desordene tu cabello, libre, sin ataduras. Te llamo, pájaro azul, desde las ramas que susurran misterios, para que alces el vuelo a mi lado. Conozco la jaula que nubla tus ojos al horizonte infinito. Yo soy libre. ¿Por qué no vuelas conmigo? Estás atrapada entre el rumor frío de hierros y máquinas, ajena al canto del viento en las praderas. Escombros y sombras te rodean, un aliento de muerte acorta tus días. Vives atrapada en la luz fugaz del instante, sin alcanzar el infinito. Pájaro mío, ¿por qué tiemblas ante la idea de escapar? Yo soy libre, ¿lo ves? En mi alma danzan los colores del campo, el eco de su vida. Nunca he dudado de mi alegría. Pero tú tiemblas. La hora se acerca, y el aire junto a tu jaula me ahoga. Ven conmigo.
 
Ella (Pilar, la pragmática):
Dices que vives libre porque vuelas donde te lleva el capricho, pero estás ciego, sin saberlo. ¿Acaso el pan de hoy te asegura el mañana? Me hablas de sueños que no alcanzo, de un cielo sin fin que no entiendo. Yo no vivo en nubes; mis pies pisan firme, tejiendo un presente que construye el futuro. ¿Cómo seguirte? Tus palabras de libertad son guirnaldas que se deshacen al alba. En tu vagar sin rumbo, confías en un porvenir que podría desvanecerse. Y aun así, vacilo. Quiero que veas el peso de tus sueños, que comprendas que no todos pueden volar. Pero te seguiré, aunque sea para mostrarte el error de vivir en un mundo que no existe.
 
Él (tras mostrarle la libertad)…
Has visto cómo el día exhala sus últimos brillos, y un temblor te recorre al no sentir cerca las rejas que te protegían. Tus ojos, poco a poco, se llenan de soles lejanos. Tienes miedo de no reconocerte, de estar soñando mis plegarias. Pero sonríes al ver las riberas blancas que brillan bajo la luna, donde ayer solo había polvo. Frente a dos piedras —una redonda, abierta a la luz; otra oscura, informe— murmuras: “Esa soy yo ahora; aquella fui”. El viento de la noche nos envuelve, y acurrucada como en un nido de invierno, entiendes, por fin, el sentido de la risa y los sueños.
 
Ella (en su duda):
Él pasará por mi puerta, con su ramo de flores en la mano, y no sabré qué decirle. ¿Cómo confesarle este miedo que me paraliza, este deseo de esperar, de entender? Su voz me llama otra vez, y no quiero hacerlo esperar. Pero no hoy. No quiero apagar la luz de su tarde. Otro día, quizá, encontraré las palabras. Otro día será.
 
Él (en su desolación):
Soy feliz esta tarde, porque has respondido al canto de mis cerezos. En tus ojos, nidos de amor que presiento, guardaré recuerdos eternos. Pero, mujer, ¿por qué te detienes? Te he abierto las puertas de mi jardín, y sigues lejos, inmóvil, en silencio. ¿Qué sombra cruel te retiene? ¿Qué dudas te han quebrado? Eres un misterio que no descifro. Ya no caminas por mi senda como ayer. No tengo un muro donde apoyar mi hiedra, ni flores que mueran felices a tus pies. ¡Ay, mujer distante, ya no eres mía! Has elegido subir en ascensores, vagar entre edificios de acero, antes que reír en mis ventanas. No has entendido. ¿Qué razones te atan? Solo ves lo que tus ojos alcanzan, caminas donde tu mente te guía. ¿Dónde escondiste tu espíritu? ¿Por qué cerraste la jaula que yo abrí?
 
Él (en la pérdida final):
Veo tus labios sonreír junto a otro, cruzando la alameda. Sentados en un banco solitario, susurran palabras que no alcanzo. Los domingos, al salir de la iglesia, nadie sigue tu sendero. ¿A dónde vas? Serás de otro. No puedo creerlo. Solo queda tu sombra errante sobre el asfalto negro, una silueta perdida en ascensores de hierro. El azul de tu vida se ha desvanecido. ¿Qué hiciste con el pájaro azul que liberé una mañana? Dime, ¿dónde lo encerraste?
 

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lunes, 30 de diciembre de 2024

Sin rumbo fijo (20)

Después aquél joven viajó por todas partes. Estuvo por el centro, por el norte y por el sur. Pero todas aquellas tierras que visitaba, estaban vacías para él; porque lo que buscaba era un lugar solitario bajo los pinos, como aquella tarde de verano en que vio nacer la esperanza.
 
Había comenzado a ignorar el camino recto, y desvió más aún el rumbo que llevaba. Pero aún a tiempo pudo pensar. Comprendió que la vida esperaba más cosas positivas de su parte, y deshizo el camino andado.
 
Quería hacerse digno de aquella mujer que lo aguardaba. Otra vez fue como antes; otra vez tuvo esperanza.
 

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domingo, 29 de diciembre de 2024

Lamento y oración (19)

“Ahora comienza el anochecer. Todos los rumores van cesando. Todo está triste, hasta este sol que siente que su gran resplandor se apaga. Los pájaros revolotean en las ramas de los árboles y se disponen a ignorar la gran tristeza y desesperación de la noche. Pero yo que lo sé todo, sufro más aún que ellos. Para mí, la gran meta a la que ansiaba llegar, ha desaparecido. ¿Qué es este gran vacío que me invade? ¿Qué me pasa que mi corazón se ha hecho duro, que mi corazón ya no siente? Yo que antes gozaba al ver ocultarse el sol, yo que antes esperaba el amanecer y quería ver nacer de nuevo la vida... Ya todo eso pasó, ya no significa nada. La tuve entre mis manos y la dejé marchar, y la quería tanto...
 
Pero ahora estoy aturdido por esta sensación extraña que no me deja descansar. Ahora sé por la experiencia que sin ella la vida es imposible. Quiero verla de nuevo, quiero poder decirle lo que antes le decía, quiero que todo siga como siempre, como antes de esta soledad que me desvela; porque la quiero, Señor, porque la quiero tener muy cerca de mis brazos”.
 
Este era el gran lamento y oración de aquél joven que esperaba y quería poder estar nuevamente junto a aquella perla que había conquistado su tierno corazón de poeta.
 

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sábado, 28 de diciembre de 2024

Vacío (18)

Pasó el tiempo y la distancia aumentó. Ella regresó a aquél pueblo, él marchó a otro pueblo. De ella no se supo nada; de él se supo todo. Para él los días eran tristes y sufría, tratando de ahogar sus gemidos en la oscuridad de las noches.
 
Le escribió varias cartas, pero ella, ¡quién sabe si sufriendo! no las contestó. Quería poner a prueba aquél corazón que se había obstinado en quererla. Pero él hablaba siempre solo en un lugar apartado porque tenía nostalgia, porque sentía que la vida sin ella no era vida, porque tenía un gran vacío dentro de su alma.
 


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