viernes, 28 de marzo de 2025

¿Dónde se escribe un poema?

¿Te has preguntado alguna vez dónde se escribe un poema? Lo digo porque –sobre todo ahora- se nos ha olvidado escribir a mano y sólo utilizamos los teclados de los dispositivos electrónicos. Pero la “Poesía” es algo que va por otro lado, va a su aire, no sigue modas ni es borrego de un rebaño. 

La “Poesía” está en lo etéreo y sus vibraciones llegan al cerebro del poeta y este siente una especie de cosquilleo que le impulsa a coger un lápiz y una hoja de papel y transcribir allí “a impulso de sus venas” como alguna vez lo definí. 

La “Poesía” se escribe siempre a mano y sobre una hoja de papel.
 
AMIGO PAPEL
 
A ti te escribo papel,
en ti confío.
Nunca me fallas,
siempre estás aquí
dispuesto a ser mi amigo,
a resolver problemas,
a llevarme a la luz después de la tormenta.
 

A chance encounter will take him far away, on a thrilling adventure full of action and emotion that will change his life... but also the lives of everyone around him…
“Fleeing into silence”: https://a.co/d/7SUfVb3

jueves, 27 de marzo de 2025

Amanece a mi espalda

Y uno se puede preguntar: “Cómo es ese momento en que un poeta siente la llamada de la inspiración y se pone a escribir un poema?”. Pues eso lo dejé perfectamente reflejado en el primero de los poemas del libro “Resurrección”
(incluido en “Todo Poesía”, Vicente Fisac, Amazon, eBook y edición impresa), escrito en 1981 tras un largo paréntesis de no escribir ningún poema.
 
Estaba sentado en mi despacho. Los primeros rayos de sol se colaban por los amplios ventanales a mi espalda e iluminaban mi mesa de escritorio. Noté el calor de los rayos de sol en mi espalda y algo se despertó en mi interior. Cogí un lápiz (siempre me ha gustado escribir poesía con lápiz) e instintivamente, dejándome llevar, me puse a escribir. Y fue así como surgió aquél primer poema que abrió de nuevo la puerta de mi inspiración poética…
 
AMANECE A MI ESPALDA
 
El sol calienta mi espalda
en el naciente día que señala
una fecha, un nombre, una esperanza.
 
Sentado y frío, paralizado,
espero, sin apenas pensar,
que pase algo,
que llame alguien,
un impulso capaz de arrancarme del letargo.
 
La mano, aún helada,
se agarrota junto al lápiz,
y reposa quieta en el papel,
en blanco como la mente.
 
A impulsos, a latidos,
a veces la sangre me golpea;
sin poder reaccionar,
estatua pétrea,
me hago de rogar
en mi abúlica torpeza.
 
A través del cristal
los infrarrojos
se van almacenando prisioneros,
hasta elevar la temperatura exterior
por encima de mi ser interno.
 
Un iceberg hubiera dicho:
¡Basta ya! ¡Me deshago! ¡Me derrito!
Yo en cambio ni me inmuto,
pues tanto tiempo empolvado estuve
que mis nervios no conduces
las ideas al papel;
nada transmito.
 
El sol calienta mi espalda,
y lo noto (he sentido).
Había que empezar por algo,
incluso ínfimo,
y así catalizar la reacción,
la proyección exterior
de mi ser íntimo.
 

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miércoles, 26 de marzo de 2025

Por eso escribo

Rememorando mi libro de poemas “Resurrección” (incluido en “Todo Poesía”, Vicente Fisac, Amazon, eBook y edición impresa) que escribí en el año 1981 y que supuso mi vuelta a escribir poesía después de un gran lapso de tiempo, tendría que decir que…
 
“Mi vuelta a escribir, a despertar y transmitir emociones, se ve inmersa en otro hecho. Comienzo a sentirme a disgusto en el trabajo: Quiero cambiar. Mi ánimo está dispuesto y la inestabilidad interior ha contribuido a ello. Sin embargo la razón, mi mente lógica, es fuerte y sabe buscar el cauce adecuado. Sin prisas pero sin dudas, totalmente decidido a hacerlo, elijo el camino y extiendo mi voz, mi deseo, a cuantos me rodean y pueden descubrirme pistas para un nuevo trabajo. Una nueva –agradable- sorpresa se introduce en esta escena de mi vida. Me creía solo, relativamente solo, y poco a poco me voy dando cuenta que son muchos los que me aprecian, son muchos los dispuestos a ayudarme, son muchos los que me llaman y me desean el triunfo como si también fuese un triunfo para ellos.
 
Así se va desarrollando mi camino de resurrección hacia otra vida, antigua y nueva. Voy recuperando los versos perdidos, la sensibilidad dormida, y comienzo un nuevo libro de poemas.
 
Busco trabajo para sentirme a gusto, profesionalmente realizado. Sé que es muy difícil, casi imposible, pero cuento de antemano con esta dificultad y voy mentalizado. Me abro a los demás, renuevo lazos de amistad que la maldita rutina tenía oxidados. Siento, busco trabajo, escribo, me comunico... es la resurrección de mi espíritu. Mi vida ha encontrado, ha redescubierto, su razón de ser, su fin último.
 
Mi vida es la lucha en el trabajo, la necesidad de conocer y de conocerme a fondo, el transmitir lo que soy y lo que siento a los demás, el amar a todos, el escuchar y tratar de ayudar. Y si el camino lo has empezado, lo continúas con tenacidad, no importa ya que Dios te jubile anticipadamente, te habrás marchado con el deber cumplido.
 
Por eso, porque esta vida es una eterna resurrección del espíritu sobre la materia en que se asienta, porque mi único camino de perfección está en mis versos, porque quiero estar en paz también conmigo mismo, por eso, por vosotros, por mí; por ello escribo”.
 

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martes, 25 de marzo de 2025

El renacer de un poeta

Sigamos hablando del libro de poemas “Resurrección” (incluido en “Todo Poesía”, Vicente Fisac, Amazon, eBook y edición impresa) que escribí en el año 1981.
 
Este libro narra una historia, y esa historia comienza un día en que se produjo el milagro de volver a escribir. Sin embargo sucedieron muchas más cosas. Lo explicaré brevemente para que comprendáis bien de qué va este libro.
 
El caso fue que un día encontré una mujer, una mujer... poeta. Y hablamos, hablamos... y el diálogo fue despertando aquellas emociones sentidas en el pasado. Y me llenó de esperanza.
 
Una mañana estaba saliendo el sol a mi espalda y de repente sentí que algo, alguien, me tocaba. Cogí, con la mano aún fría, un lápiz y un papel y... comencé a escribir un poema; sí, eso estaba haciendo. ¡Después de ocho años! ¿Y qué sentí entonces? No sabría describirlo, sólo sé que me llovieron las palabras, las notaba empujarse unas a otras a través de las venas de mi brazo y al llegar a los dedos movían el lápiz y se iban dibujando. ¿Era yo o no lo era? Pero estaba escribiendo otra vez, estaba dictando un poema.
 
Al tiempo que todo esto sucedía volvía a ser receptivo. Un mecanismo extraño se había puesto en marcha y parecía no querer detenerse... y yo me esforzaba porque no se detuviese; estaba entusiasmado, disfrutaba.
 
Aquello fue el renacer de un poeta, una resurrección poética y literaria. Y todo ello, aquella historia, se fue narrando a través de los poemas de aquél libro.
 

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lunes, 24 de marzo de 2025

Un poeta nace, no se hace

Hablando del libro de poemas “Resurrección” (incluido en “Todo Poesía”, Vicente Fisac, Amazon, eBook y edición impresa) decía poco después de terminarlo, lo siguiente:
 
“Un poeta no se hace, nace. Sin embargo, con nacer no basta, debe perfeccionarse, trabajar, seguir y superar a diario un camino.
 
Nací poeta, hace de esto 32 años. Y me sentí diferente, gloriosamente diferente. Pronto llamé la atención de mis profesores de literatura, primero uno y luego otro. Me animaron, me corrigieron, me guiaron. Inicié un camino ascendente y mi cuerpo adolescente vibraba, recibía todas las emociones de la vida, se nutría ávidamente de ellas y nuevas sensaciones emitía.   La vida, una normal, se tornaba así en algo inmenso, cuajado de matices. Zarandeado por mil vientos, soportando mil golpes y saciándome en el placer de la vida en cada instante.
 
Era sensitivo; el simple hecho de coger un puñado de tierra con la mano me hacía sentirme parte de Dios, notaba la vida de la tierra palpitar y transmitirme una energía extraña a través de las venas y la piel. El simple hecho de una respiración profunda, de mirarme reflejado en otros ojos, me aportaba una riqueza indescriptible –incluso para mí que algo sé de escribir- de emociones.
 
Amaba la vida, el descubrir todo lo que las apariencias ocultan. Era trascendente y, al tiempo, mi fecunda imaginación me llevaba a comenzar cualquier empresa. Me gustaba reír, organizar, animar, dirigir. Buscaba una mujer que completase mi cuerpo, que soportase mi alma. Y no la encontraba. Me marqué una fecha, emprendí el programa y la encontré. Sin embargo algo no previsto sucedió.
 
Mi vida emocional, antes inestable (cazando nuevas sensaciones a cada instante, buscando nuevas hembras, nuevos ambientes), se volvió poco a poco rutinaria; tenía una mujer en casa, ya no debía buscarla fuera.
 
Mi vida profesional había comenzado, tenía un trabajo, una responsabilidad, un hogar propio; ya no podía vivir a mi antojo y poner simplemente la mano para recibir mi alimento. Ahora era yo quien debía buscarlo, luchar por él.
 
Y con todas estas cosas, el caso fue que dejé de escribir. Y así estuve... ocho años”.
 
Pero como ya dije al principio, un poeta no se hace, sino que nace… y hasta “renace”.
 

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