viernes, 18 de agosto de 2017

Leyendo entre líneas (18)

Porque la falta de moralidad de Ángela queda bien patente cuando Lance le dice a su abuela que se ha enamorado de una chica (preciosa, por cierto, pero de clase baja) y que quiere casarse con ella. Ante el “¿por qué no puedo?” de Lance, Ángela se lo deja bien claro: “Yo no te he dicho que no puedas quererla, sólo que no puedes casarte con ella” (1x11).

Es evidente que a la dueña de Falcon Crest le importa un bledo todo lo que sea ajeno a sus propios intereses, y no porque no le caiga bien la última novia de Lance (en realidad no le cae ni bien ni mal esa chica), sino porque para ella todo en esta vida es un negocio y quiere que la boda de su nieto sea un negocio, es decir, casarlo con la heredera de los segundos viñedos en importancia del valle y así, juntos, ser más poderosos aún.

Es posible que en nuestra vida habitual no nos veamos en situaciones tan extremas como estas, pero sí que habremos vivido y viviremos otras en las que pensaremos en lo que vamos a hacer o podemos hacer viéndolo como un negocio, es decir, algo de lo que podemos sacar provecho, en vez de afrontarlo como un asunto de personas. Esto es habitual en todas las empresas, en las que los empleados no son personas sino números. “Hay que reducir el número de empleados” se dicen los directivos, y cogen papel y lápiz y dan la orden para que despidan a tantos. Sólo ven que antes había 170 trabajadores –por ejemplo- y con esa medida ahorrarán dinero al bajar la “fuerza laboral” (eufemismo para no reconocer que son “personas”) a 120 trabajadores (a los que exigirán que rindan el doble, cobrando lo mismo, si es que no quieren seguir el mismo camino que los despedidos). Esos directivos no ven seres humanos, ni dramas personales, sólo ven números y se ven a sí mismos saliendo a flote de una situación difícil y vanagloriándose de haberla resuelto “satisfactoriamente” (para ellos mismos, claro).
(Continuará...)

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