sábado, 5 de agosto de 2017

Leyendo entre líneas (5)

Frases o diálogos como estos se van incluyendo en casi todos los capítulos, mezclados con el devenir propio de la serie, de tal forma que calan en nuestro subconsciente sin que nos demos cuenta. Además, las gotas de humor salpican en cada capítulo todas las acciones, de tal forma que, aunque estemos asistiendo a luchas de ambición y poder, traiciones, delitos, maldades, etc., nos damos cuenta que se trata de una ficción, de algo más simbólico que real, y la sonrisa asoma recurrentemente a nuestros labios en cada episodio.

Como ejemplo de lo anterior, este diálogo entre Ángela y su nieto Lance:
“- ¿Querías verme, abuela? –la saluda Lance.
- Me sorprende que estés levantado, aún no es mediodía –responde con un magistral ejemplo de ironía Ángela” (1x04).

El mundo del trabajo está muy presente en la serie, así como nuestra realización personal a través del mismo. En el episodio quinto, Chase y Maggie están pasando apuros económicos y Maggie le plantea la posibilidad de ponerse a trabajar ella como redactora en un periódico para contribuir a los gastos familiares; pero Chase lleno de orgullo responde: “Puedo aportar en una semana más que tú en un mes”. Maggie replica: “Pero tú no querías volar y yo sí quiero escribir” (1x05).

Otra vez, la ceguera emocional de Chase y las gafas del “yo” que casi siempre lleva puestas, desprecian esa propuesta porque es verdad que los ingresos que ella podría aportar serían insignificantes, pero es que no se trata de una cuestión de números sino de sentimientos, de sentirse útil. Maggie no es tan tonta como para no saber que su aportación iba a ser muy pequeña, pero ella quiere aportar su esfuerzo y ese esfuerzo es igual de valioso que el de los demás, por mucho que el dinero que se obtenga en unos y otros casos ofrezca enormes variaciones. Además, Maggie le recuerda a Chase que este dejó de ser piloto y vino aquí porque no quería seguir volando (y en consecuencia pasándose la vida fuera de casa) mientras que ella sí desea escribir, es su vocación, y con ello cumpliría su sueño de trabajar como escritora, se sentiría útil al aportar su trabajo al núcleo familiar y, por añadidura, traería un dinerillo extra a casa.

No es el dinero: es la sensación de sentirse útil. Esa es la conclusión y eso es lo que todos deberíamos valorar en situaciones similares y, por supuesto, nunca menospreciar con nuestra arrogancia a aquellos que humildemente se ofrecen a ayudar y a aportarnos su granto de arena, por pequeño e insignificante que sea. Podrá ser pequeño desde un punto de vista material, pero muy grande desde el punto de vista moral.

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