jueves, 3 de agosto de 2017

Leyendo entre líneas (3)

En Falcon Crest vemos la necesidad de la familia... mientras comprendemos cuán lejos están -la mayoría de sus protagonistas- de tener una familia modélica. Es evidente que en esa comparación entre las familias de Falcon Crest y la nuestra, siempre ganamos nosotros, aunque no por ello dejan de parecernos sospechosamente familiares ciertos problemas, dilemas, etc., con los que deben enfrentarse a diario.

El cambio de residencia (de Nueva York al valle vitivinícola) de la familia Gioberti supone muchos cambios en su forma de vida. Hay una escena en la que Chase y Maggie están en la cama, en su nuevo hogar, y esta le dice: “Cariño ¿te has dado cuenta de que aquí hacemos el amor con más frecuencia que en Nueva York?” (1x03). Se la ve feliz en ese nuevo ambiente en el que cree haber recuperado la esencia familiar; sin embargo la respuesta de Chase la devuelve a la realidad porque él –escaso de sensibilidad- le responde en un tono completamente práctico y racional: “Cuando vivíamos en Nueva York yo estaba fuera casi todo el tiempo. Aquí estamos juntos todas las noches”. La decepción asoma a los ojos de Maggie quien, como buena escritora, no puede definirlo mejor: “¡Oh! Lo que yo tomé por pasión no es mas que proximidad”. (1x03).

¡Cuántas veces nos engañamos con las apariencias! La verdad es que creemos conocer a una persona y apenas si conocemos su envoltorio. En esa escena se dan cita dos mundos, el de aquellas personas con sensibilidad, imaginación, ternura, bondad... y el de aquellas otras apegadas a la tierra, a lo práctico, a lo racional, y carentes –por supuesto- de sensibilidad. Falcon Crest nos presenta estos dos mundos y nosotros deberíamos saber en cuál de ellos estamos y en cuál deberíamos estar. ¿Queremos “ir a lo práctico” y borrar de nuestra mente todo atisbo de sueños o queremos dar la prioridad a los sentimientos?

Podéis tomar nota y reflexionar sobre ello. 
(Continuará...)

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