miércoles, 2 de agosto de 2017

Leyendo entre líneas (2)

Sobre estos dos núcleos familiares se desarrollan sucesivas historias paralelas y entrelazadas, con la aparición constante de nuevos y numerosos personajes. Hay acción, intriga, drama, espectáculo, giros constantes e inesperados, cambios sorpresivos de parentesco... pero todo ello con dos ingredientes muy importantes: humor y excelente factura (magníficos diálogos, ritmo trepidante, perfecto montaje, solventes interpretaciones...) ¿Qué más se podía pedir? Una hora semanal de entretenimiento asegurado.

Pero lo que nadie había detectado –ese ha sido el descubrimiento que traemos a este libro- es que debajo de esa “intrascendente” historia, se escondía una segunda lectura. Como ya he apuntado anteriormente en el prólogo, los guionistas –bien de forma consciente o inconsciente- han ido dejando una serie de frases que impactan en nuestro subconsciente y que, si somos capaces de reconocerlo, nos hacen reflexionar sobre los aspectos esenciales de la moralidad, de la necesaria convivencia entre los seres humanos, de nuestro papel en esta vida.

Por ejemplo, y ya desde esta primera temporada, se canta a la familia y se presenta la misma como un bien sagrado. La familia es lo más importante, una unidad básica sobre la que se sustenta y debe sustentarse la sociedad. Por eso Maggie, en una conversación con Julia, destaca la importancia de la familia frente a cualquier otra filiación. “Esa es la diferencia entre los amigos y la familia” (1x02). Claro que –ya metidos en harina de lo que es esta serie- Julia le responde: “Depende de la familia ¿no crees?”. (1x02)

Es cierto; claro que depende del tipo de familia, pero si conseguimos que la nuestra sea como debe ser, entonces se convierte en el mejor marco para realizarnos como personas. Querer y ser queridos, aportar cada uno su trabajo o esfuerzo -cada uno en la medida de sus posibilidades- para luego compartir a partes iguales los beneficios... Es, en resumen, una especie de comunismo como el que practicaban los primeros cristianos: cada uno trabajaba y aportaba todo lo que podía y luego, el bien común así conseguido se repartía entre todos dando a cada cual según sus necesidades.
(Continuará...)

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