viernes, 11 de agosto de 2017

Leyendo entre líneas (11)

La vida es un largo camino de lucha, pero a veces confundimos cuál es nuestro verdadero objetivo. En el episodio octavo, Douglas Channing habla con su ex esposa Ángela, con quien le une –no obstante- una buena amistad.
“- Alguien me advirtió una vez que no debería luchar tanto por lo que deseaba, porque podía llegar a obtenerlo –dice Douglas.
- Y así fue –responde Ángela, recordando la gran empresa que este ha levantado.
- Ahora el imperio es mío... y todo lo que quería eras tú –reconoce, lamentándose, Douglas” (1x08).

Vayamos por partes, porque la primera frase puede parecer confusa: no luchar tanto por lo que queremos conseguir porque entonces es posible que lo consigamos. ¿Un contrasentido? No. Una lucidez total. ¿No os suena eso de “la meta es el propio camino”? Pues de eso se trata. Hay que luchar por aquello que perseguimos, desde luego, pero siendo conscientes que lo más importante no es conseguirlo sino el hecho de trabajar, esforzarnos y mejorarnos a nosotros mismos en esa lucha. La meta no es el objetivo; el verdadero objetivo es nuestra mejora y evolución personal a través de la lucha en el camino por conseguirlo.

Douglas se arrepiente de no haber tenido las ideas claras. Quería ser dueño de un periódico importante... y lo consiguió, pero a costa de dejar lo que más quería, a su mujer. La verdad es que aquí la cosa fue recíproca: ni él quiso renunciar al periódico ni ella quiso renunciar a Falcon Crest; sin embargo Douglas siempre estuvo dispuesto a tomarse unos días de descanso y salir de viaje con ella, a hacer una pausa en sus obligaciones profesionales para dedicárselo a ella. No fue así en el caso de Ángela para quien el cien por cien de su tiempo siempre ha sido “su” tierra.

Pero ni en uno ni en otro caso, la consecución del objetivo por el que tanto lucharon, les llenó de felicidad. Douglas dirigía un gran periódico pero no tenía a su lado a su gran amor. Ángela tenía su imperio vinícola, pero sabía que nadie la amaba porque los sentimientos que profesaba la gente hacia ella eran de respeto, temor, odio, rencor, interés... nunca amor sincero. Así las cosas, ¿de verdad vale la pena vivir? Sobre todo si eres tú mismo quien se lo ha buscado.
(Continuará...)

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