miércoles, 21 de diciembre de 2016

No sólo de pan vive el pato

Cuando esta pasada primavera paseaba por un parque cercano a mi casa, contemplé un hecho insólito: una pareja de ánades reales nadaba alegra con 11 patitos recién nacidos en una ría que recorres este parque, en realidad es algo así como un estanque de sólo tres metros de anchura que serpentea durante cien metros, rodeado a ambos lados por la zona de paseo de los viandantes. Nunca se había visto algo así y muchos dudábamos que aquello pudiera tener final feliz.

Pero para asombro y alegría, con el transcurrir de los meses, aquellos once patitos fueron creciendo sanos y robustos y al llegar a su mayoría de edad echaron el vuelo y se marcharon en busca de otras aguas más grandes y tranquilas (supongo que el cercano río manzanares o el lago de la Casa de Campo. Pensábamos que los habíamos perdido de vista para siempre pero no, se habían ido... ¡a ligar! Y hete aquí que un buen día, paseando por el parque descubrí que había más de 30 patos (machos y hembras) nadando alegres por la ría. Todas las noches se marchaban volando a otro lugar y por el día volvían aquí.

No obstante hay un hecho del que no se percataron muchas personas y es que no sólo de pan vive el pato. Cada día era frecuente ver entusiastas paseantes que le echaban pan a los patos como si sólo de esto dependiese su sustento; ignoraban que la alimentación básica de los patos son las ovas y algas que crecen en el agua así como algunos minúsculos insectos que deambulan por la misma; el pan sólo es para ellos una golosina. Nada de esto es de conocimiento público según parece ya que las panaderías debieron hacer un negocio extra aquellos meses, ya no se contentaban con echarles unas migas, ya eran barras de pan enteras. Los patos ya no nadaban en el agua sino en medio de una masa informe de pan reblandecido que flotaba ocupando casi toda la superficie de la ría. Pues ni por esas, la gente seguía echando pan.

Ahora que los once patos ya se han casado y tienen sus parejas estables, sus visitas a la ría siguen siendo frecuentes aunque sólo por algunas horas al día; sin duda prefieren nadar en aguas más limpias. Gracias a eso, las barras de pan flotantes van disminuyendo pero ¿qué pasará si esta próxima primavera vienen a criar aquí no una sino once parejas de patos? Por si acaso creo que abriré una panadería junto al parque y en sólo unos meses podré retirarme a vivir de las rentas en una isla paradisíaca.

2 comentarios:

Neus BG dijo...

Que buen texto!! Me ha gustado mucho la anécdota de los patitos. Como ocurre con los humanos siempre es bello volver al lugar donde fuimos felices, no obstante si ese lugar pierde su "esencia" es difícil conservar esos buenos recuerdos. Y seguramente a los patitos les ocurrió eso, con la souciedad de las aguas ese lugar desgraciadamente perdió su belleza.
Un saludo
Neus

Palabras Inefables dijo...

Bueno, Neus, pues también a ti va ahora dedicado este poema: http://palabrasinefables.blogspot.com.es/2012/01/aquellas-tardes-de-siesta.html