martes, 20 de octubre de 2015

Detectives sorprendentes

Los “señores de arriba” como yo les llamo, siguen dando muestras de su ingenio y buen humor. Esta es la última de sus “coincidencias” para demostrarnos –una vez más- que están ahí, muy pendientes de nosotros.

Viajo muy poco en metro. La última vez fue el domingo pasado. Mientras esperaba en el andén mi vista iba vagando por todas partes, como es lo habitual en tales situaciones. También –y como es habitual- me fijé en un anuncio: una Academia que enseñaba diversas cosas, entre ella “Criminología”. Me llamó la atención, sobre todo porque me pareció poco usual, original, interesante... y durante un buen rato mi mente divagó en esa frecuencia pensando en sus apasionantes posibilidades laborales en la Policía o como detective o en cualquiera de esos laboratorios que se ven en las películas de crímenes.

Justo dos días después, estaba sentado tranquilamente frente a mi ordenador cuando llegó un correo, era de un antiguo compañero de trabajo al que no veía desde hacía más de 35 años. Se había enterado de la publicación de mi novela “Viaje al centro de los laboratorios” (en donde hablo de aquella etapa laboral que compartimos), le había traído buenos recuerdos y quería saber que tal me había ido en todos esos años sin vernos así como fijar una cita de amigable reencuentro. Pero... ¿cómo había podido localizarme? Después de 35 años no podía conocer ni mi dirección ni mi teléfono (entre otras cosas porque ambos han cambiado varias veces). Entonces me dio la explicación: una de sus nietas estaba buscando datos de los años de juventud de su abuelo y encontró en Internet que en el libro “Viaje al centro de los laboratorios” aparecía citado. Le comunicó esta noticia a su abuelo, con el nombre del autor de ese libro (yo), el título del libro y la editorial. Gracias a eso se puso en contacto con la editorial y ellos hicieron de intermediaros para nuestro contacto.

En fin, ¿qué hay de extraño en todo esto? Aparentemente no tiene nada de particular. ¿O sí? Y es que he dejado para el final la sorpresa: cuando mi antiguo amigo me contó todos estos detalles me dijo que había sido posible gracias a la labor de investigación sobre su pasado que había hecho su nieta, la cual estaba estudiando... criminología. Todo eso sucedía el mismo día que yo esperaba en el andén del metro y miraba con intriga e interés ese anuncio de una Academia en donde enseñaban “Criminología”.

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