domingo, 5 de enero de 2014

Mi tío Casio

Yo tuve un tío que se llamaba Casio... o casi lo tuve porque murió antes que yo naciera. El caso es que vi unas fotos y dije “qué tío” y resultó ser mi tío Casio. Y me asombré al ver sus patillas, las patillas del tío Casio, que no las tenía debajo de la cadera, sino al lado de las orejas y muy bien pobladas (las patillas, no las orejas). ¡Qué tío este Casio, el caso es que casi me dejo sus patillas! “¡Si es que eres un caso!”, me decían, pero no, yo no era caso ni Casio, así que no les hice ni caso... o casi. El caso es que tanto me influyó la imagen de mi tío Casio que me dejé sus patillas (quiero decir, unas iguales a las suyas) y me compré un Casio... no un clon suyo sino un reloj Casio; pero ese reloj aunque fuera Casio no era suyo sino mío. Así comprendí que Casio y yo éramos de la misma familia aunque casi no nos hubiésemos conocido y aunque yo no le hubiera hecho antes mucho caso. Pero al discurrir el tiempo (en mi reloj Casio) casi caí en la cuenta de que yo también era familia de Casio (no mi tío sino la empresa Casio) y vi que esta tenía muchos productos, incluso musicales, así que por si acaso o por si Casio, me voy ya con la música a otra parte. O casi o...

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