miércoles, 21 de diciembre de 2011

¿Cine de autor o cine comercial?

Con frecuencia surge como tema de conversación la controversia entre cine comercial y cine de autor. Al primero, sin juicio previo, se le tiene catalogado como cine de baja calidad, de artificio, sin contenido; como un tipo de cine en donde lo único que prima es hacer una buena recaudación. Al segundo, también sin juicio previo, se le tiene catalogado como cine inteligente, culto, de gran calidad artística y contenido digno de pasar a los anales de la historia; si luego va poca gente al cine a verlo, la culpa no es de la película ni del autor, sino de todos los que no han ido al cine, que son unos incultos.

Como se ve, somos muy amigos de poner etiquetas antes aún de tener los suficientes elementos de juicio, por eso me gustaría dar solo unas cuantas pinceladas para poner las cosas en su contexto.

Cine de autor sería aquél por el cual un director hace la película que quiere hacer, tal como a él le gusta, sin importarle lo más mínimo el que luego le guste o no a la gente. Si después es un éxito de público, pues estupendo; y si no, argumentará que él es un intelectual, un incomprendido, y que la sociedad no está madura para entender la obra de arte que ha creado.

Cine comercial sería aquél por el cual un director hace una película pensando en el público, una película para que le guste al público (aunque también puede gustarle a él mismo); pone en ello todo su saber y entender, así como sus gustos personales, pero prima por encima de todo la necesidad de que agrade a un buen número de espectadores.

Aunque hay “autores” que hacen películas de autor para salas de cine vacías de espectadores, y también hay “directores” que se limitan a seguir las instrucciones de su productor y hacen el bodrio que sea con tal de que guste al público y consiga una buena taquilla, la mayoría de las veces deberíamos hacer otro planteamiento: ¿cine o bodrios? Ese es el auténtico dilema. Cine, con mayúsculas, películas bien hechas, con atractivo para el público y que reflejan además la personalidad del director, o bodrios que no se los traga nadie y que los disfrazan de “intelectualismo” para justificar su fracaso de taquilla.

Por consiguiente, no se debe hablar de cine de autor o cine comercial, sino de buenas o malas películas, buenos o malos directores, buenos o malos argumentos... porque un buen director siempre deja bien patente su sello en una película, aunque no lleve la etiqueta “de autor”.

PD.- Como siempre, esta es solo mi opinión y lo más probable es que esté tan equivocado como tú mismo, cualquiera que sea tu opinión. En la imagen, el cine de Tromso (Noruega).


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